A Edred le pareció extraño escuchar el caballo en la distancia, Thomas había ido prácticamente hacía un día atrás; dándole aviso de que saldría de viaje, no encontraba otro motivo para que le llevara más víveres en tan poco tiempo. Le asombró cuando Edmundo cruzó la puerta, pero un segundo después, la furia se apoderó de su ser. En su cabeza sólo existían dos posibilidades para su futuro: la muerte o el exilio; y eso último sería, hasta que uno de los dos muriera. -He venido para hablar contigo – Edmundo se sentó en el sillón, sin recibir respuesta del joven, que permaneció de pie en el umbral de la puerta de la habitación. Edred, no quería verlo; en ese momento y después del año en soledad, el rencor y el resentimiento estaban alimentando su corazón. La antipatía del joven, que duró

