-¿De qué estás hablando? – Eduardo estaba de nuevo intrigado. Y es que Edmundo había pensado en Edred. -Conozco a alguien que se parece demasiado a Guillermo – sólo le mencionó lo necesario. -¡Estás loco! ¡Eso sería traición! – Eduardo sobreentendió la idea de la suplantación, en cómo iba en contra de la moralidad y de la seguridad del reino. Edmundo se encogió de hombros, como si lo dicho no fuera grave. -Piénsalo Eduardo, no tendrías que enfrentar a Isabel diciéndole que su único hijo ha muerto; y tampoco encararías al rey, la línea hacia el trono seguiría siendo por medio de Eduardo, primogénito del rey Enrique – enlistó los beneficios, que se escucharon tentadores. -¿Qué ganas tú con esto? – Preguntó con cierta desconfianza. -Todo, gano en todo. Créelo, lo hago también por mí –

