-¡Ah! – Eduardo, sin poder controlarse, gritó en medio de su furia e hizo una rabieta. Edmundo, que se había mantenido al margen, vio alejarse a Edwin, para después prestarle atención a Eduardo. -Te dije que no era una buena idea. – Se quedaron en silencio, pasaban de estar sentados a caminar de un lado a otro, o simplemente quedarse de pie, observando a las personas pasar de un lado a otro a prisa, y con objetos que el médico con toda seguridad requería. Por cómo iba entrando los rayos solares por la ventana, se percataban que el tiempo estaba transcurriendo, y que el doctor no saliera, los hacía sentir que todo iba a salir mal. La luz de la luna comenzó a entrar por la ventana. Habían pasado bastantes horas desde que Guillermo había sufrido el accidente, y ellos seguían en la misma i

