Salieron del castillo con dirección a la casa de verano. Donde Eduardo e Isabel, sus ahora padres, pasarían tiempo con él; y con ello, estaría comenzando su entrenamiento. Guillermo*, hacía un sinfín de preguntas acerca de su infancia, cosa que permitía a Isabel explayarse a placer, lo que la hacía convivir con él de forma honesta. Mientras que cuestionaba de su adolescencia y su personalidad a Eduardo, haciendo de sus interacciones un compromiso, porque lo tomaba simplemente como preparación. Isabel escuchó en la distancia el sonido del piano, caminó hacia el salón donde estaba el instrumento y para su sorpresa, vio a su hijo tocándolo, con lentitud, como si estuviera descifrando cada tecla del piano. -No puedo creerlo – Guillermo* puso su atención de inmediato en su madre, - las pocas

