Edmundo estaba ansioso. Esperar por Catalina fue un suplicio, y le estuvo plácidamente agradecido cuando llegó por la noche; porque de acuerdo al tiempo que hizo, se percató que ella preparó todo para salir unas cuantas horas después de él. Ambos llegaron al hospital, encontrándose con los duques de Cornualles en la sala de espera. -Buenas noches – saludó Edmundo e hizo una reverencia al igual que su esposa. -Buenas noches – respondieron al unísono Eduardo e Isabel. -¿Cómo está, Isabel? – Catalina se acercó hasta ella, para estrecharla en sus brazos. -Ya se encuentra fuera de peligro – Isabel respondió con tranquilidad en medio de la muestra de afecto. -Qué bueno escuchar tan buenas noticias, no podía creerlo cuando Edmundo me lo dijo – fue honesta con sus palabras. Las mujeres come

