Estoy que no muevo ni un músculo. Ni siquiera quiero abrir mis ojos. La vergüenza es notable en mi rostro. Me siento con la cara encendida y no es por la excitación de segundos atrás, no. Es debido en la situación en que fuimos capturados. Uno de mis pechos fuera, Erick besándolo, yo levemente arqueada y su mano en una zona que no debería de tocar en la calle. Erick está tenso y de manera ágil se pone firme haciendo de escudo para que la mujer en la puerta no me vea el pecho. Sostengo la respiración mientras él con sus manos me cubre, hasta el punto de abotonar mi camiseta de mezclilla hasta el cuello. Me regala una leve sonrisa y besa mi frente para luego voltearse con postura imponente. —¿Acaso no te enseñaron a tocar, madre? —¿Madre? ¡¿MADRE?! Abro mis ojos al punto de parecer una desq

