• CAPÍTULO XIV •

2519 Palabras
Los días había pasado realmente rápidos. Una vez que la familia Harrison se había ido, Adelaida igualmente se molestó conmigo a pesar de que yo era la que debía estar molesta con ella. El mismo día que habían decidido que Thomas me acompañara a Wisconsin, Mónica se había tomado el tiempo de preguntarme cuando, por cuánto tiempo y a dónde nos iríamos. Yo había decidido decirle mi plan reprimiendo el echo de la pequeña reunión y en cuanto a Elisa, tenía tanta vergüenza en decirle que sinceramente solo le había confirmado que iría pero no con quién iría. Y en cuanto a Thomas, éste había pasado todos esos días repitiendo que sentía el haber cambiado los planes aunque a su vez notaba la burla en sus ojos de mí. — ¿Ya estás lista? — preguntó Adelaida al salir de el ascensor topandose conmigo sentada en el mueble con una pequeña maleta a un lado. — Thomas debe de estar en camino. Y ése era otro detalle, literalmente él me llevaría en su auto por lo que no podía hacer algún plan sin tener que llevarlo a él. — Sí abuela, estoy lista — afirmé bloqueando el teléfono antes de dejarle un mensaje a Elisa de que en unas horas estaría allá. Ni siquiera sabía cómo reaccionaría. Thomas se alojaría en aquella casa compartida que por suerte tenía un cuarto extra, había sido idea de Adelaida que estuviera con nosotros y no en un hotel porque de haber sido así ella habría pedido que me alojara con él en ése sitio. — Bien, Luci, creo que no hace falta que tenga que decirte que quiero.. — que me comporte — callé terminado su frase — lo sé. No soy una niña para que me lo estés recordando, abuela, y supongo que si soy lo suficientemente grande como para que me busques una pareja sin mi consentimiento, también lo soy para andar sin advertencias. Adelaida al escucharme asintió rendida pareciendo querer aún hablar de todas formas, sin embargo, ésta vez no necesité yo silenciarla cuando la llegada del mayordomo a la sala hizo que rápidamente me levatase sabiendo lo que ésto significaba. — El señorito Harrison está afuera. — Voy — indiqué girando a ver a Adelaida. No sabía si despedirme, ella no solía hacerlo, solía decir que era algo infantil que las despedidas de abrazos solo eran para cuando alguien iba a morir e irse de ésta vida, pero aún así, me dispuse a acercarme para abrazarle y ésta algo confundida me correspondió. — Nos vemos, abuela — murmuré separándome y ésta levemente sonrió. — Si, si, como sea, tampoco es que te vas a ir al otro lado del mundo — le restó importancia como le suponía. No quise hacer más tiempo y dejándome guiar por Jhon el cual llevaba mi maleta, salí de aquella enorme mansión topandome con un precioso y caro auto de un color vino bastante llamativo a pesar de la oscuridad de la noche. Thomas estaba bastante presentable tal y como le había visto la última vez, su cabello lacio y n***o caía despreocupadamente logrando tener unos poco mechones resaltando por su piel pálida y aquél ligero detalle solo hacía que su aspecto pareciese más salvaje de lo que era. Habría podido quedarme allí parada toda la noche de no haber sido porque al fin sus ojos distraídos giraron a verme al notar mi presencia mientras sus ojos me recorrieron de arriba a abajo haciéndome sentir tan pequeña ante él y, la verdad es que comparando vestimentas, él estaba muy formal y mejor vestido. Unos pantalones de vestir azúl marino sueltos nada más en partes esenciales, zapatos de vestir blancos y una camisa manga larga arremangada del mismo color, con unos lindos botones en fila por todo el medio, y, como cereza del pastel, los primeros de ellos estaban desabrochados dejando a la vista el inicio de tu pecho desnudo. En cambio, yo había optado por llevar un ligero vestido acampanado blanco con estampado de flores, y sandalias blancas, haciendo ruborizar el echo de que incluso íbamos combinados. — Buenas noches — me dispuse a saludar al acercarme y romper el pequeño trance que ambos teníamos. Yo no era la única en notarlo puesto que el mayordomo, que ya había metido mi maleta en el asiento trasero nos veía a ambos curiosos como si fuesemos parte de una entretenida novela que él no quería perderse. Al instante aquella seguridad que llevaba antes, rápidamente se rompió y tragando ligeramente mientras su cuerpo se apartaba de la puerta del vehículo una ligera sonrisa fue soltada. — Buenas noches — respondió de igual forma tomándose la libertad de caballerosamente abrirme la puerta y poniendome en aquella situación de pasar por su lado impregnadome en su fuerte y embriagante perfume. Y aún cuando la puerta fue cerrada, su aroma estaba por todas partes en el auto. El rápidamente rodeó el vehículo para adentrarse igualmente y cerrar la puerta quedando en un gran silencio solo rellenado por el vago sonido del el aire acondicionado que chocaba con mi piel dejándola erizada. Mal día y momento para haber elegido llevar vestido. — ¿No se te olvida nada? — preguntó encendiendo la llamativa pantalla en el tablero del coche el cual dejó a la vista el mapa completo de donde estábamos. — no — dudé girando a ver a los puestos traseros en donde ambas maletas estaban y mis ojos se achinaran levemente recordando todo su contenido. Todo estaba allí inclusive había recordado colocar el traje de baño que Elisa me había pedido que llevara y rápidamente mis ojos le miraron avergonzada al recordar éso. — Espero que hayas metido un bañador. — ¿Qué? ¿Por qué llevaría uno? — cuestionó curioso girando a verme igualmente. — Es que, quizás.. quizás olvidé el detalle de decirte que es probable que aquella fiesta que harán el sábado requieras uno. — murmuré y el pensar que aquella escena se volvería algo incómoda, fue anulado de inmediato cuando sus labios se curvabaron en una sonrisa pícara dejándome ésta vez a mí confundida. Sin embargo, en vez de responder a aquello, su firme dedo señaló a aquella pantalla y no tuvo que pedirme nada para yo colocar la dirección exacta a la que iríamos; un largo recorrido de aproximadamente 4 horas si es que no tomábamos un descanso, y viendo que eran las 10 de la noche, sabía que llegaríamos ya el viernes en la madrugada siendo atendidos por una de seguro soñolienta Elisa. Rápidamente el auto fue puesto en bastante velocidad al salir de aquél lugar y por un instante había olvidado cómo se sentía ir en un auto siendo conducido tan velozmente. Y aún cuando ninguno de los dos hablábamos, aquella peculiar sonrisa que había adoptado desde que yo había dicho aquello, aún no se borraba mientras veía la carretera y eso solo hacía que mis ganas de preguntarle fuesen casi incontrolables. — ¿Qué te causa gracia? — me atreví a preguntarle y éste al escucharme sin poder aguantarlo dejó escapar una muy ligera risa que estaba siendo retenida para luego negar divertido sin siquiera girar a verme. — No es nada — le restó importancia aumentando aún más mi curiosidad. O vamos, ¿Qué persona cruel le hace éso a alguien? « cállate Luci, no seas chismosa » — y... si no es nada, ¿Por qué no decirlo? — canturee mordiendo liegramente mi labio inferior por mi imprudencia haciendo que éste al fin girase a verme con su burlona sonrisa. — ¿Tanto te mata la curiosidad? — cuestionó divertido y aún cuando internamente afirmaba, mi mirada se desvió a la autopista algo avergonzada. — Es algo tonto la verdad. — respondió rellenando mi silencio y haciendo que volviese a verlo al notar que me diría. — Solo que iba a decirte que me verías sin maquillaje — negó tratando de ocultar su sonrisa y haciéndome ésta ves a mí sonreír divertida al conocer al fin a un hombre que se preocupaba por su maquillaje. — Es tonto de verdad, no da gracia — negó y una ligera risa muy mal reprimida escapó de mis labios logrando avergozarle. — ¿Te preocupa que te vean sin maquillaje? — comenté burlona ensanchado su sonrisa y haciendo que negara. — Me preocupa meterme al agua y dejar un manchón alrededor mío — me siguió el juego haciendome reír. — Entonces no te pongas — negué para luego abrir mis ojos con una gran idea — aunque — canturee tratando de apagar mi risa — tengo base Anti-agua, podrías usarla. — negó y su pecho vibró junto con su leve y grave risa. — bueno, de todos modos no creo que te veas tan mal — le resté importancia. — Quizás — se encogió de hombros — me han llegado a decir que se ve sexy — comentó tal fanfarrón haciéndome girar los ojos divertida por su tonto comentario. — Claro, debes tener muchas admiradoras — admití y un raro sentimiento de incomodidad se alojó dentro de mí al ver que no lo negó y solo curvo su sonrisa de lado mientras el auto seguía en marcha. Era boxeador, claramente muchas chicas le verían atractivo. Un chico salvaje y lindo, hacía que imaginarlo fuese ardiente. — Solo las veo como fans — comentó con simpleza — realmente estoy concentrado en la pelea como para llegar a fijarme en ellas. Nunca suelo girar a ver a nadie más que mi contrincante. — ¿Qué se siente? — pregunté de repente atrayendo su mirada interrogante — Las peleas, estar allí y golpear a una persona. — traté de ser más específica. — Adrenalina — se limitó a responder pensativo. — Sientes libertad, emoción y, en cierto modo te permite drenar todo aquello que te tienes guardado — Murmuró para luego añadir: — además es satisfactorio ganarle a alguien en una pelea. Él amaba ése deporte, se podía notarlo a simple vista por la casi imperceptible emoción que aún así podías percibir cuando hablaba y, aquella emoción tan contagiable vagamente me hizo sonreír, solo que ésta vez no era una sonrisa burlona, si no todo lo contrario; pues irónicamente hablando de un deporte violento, él lograba transmitirme cierta paz al hablar de lo que le gustaba. Y, para mí mala suerte, aquella paz comenzó a hacer estragos en mi cuerpo haciendo que mis ojos pesadamente comenzaran a cerrarse al mismo tiempo que mi cabeza se pegaba completamente del respaldar en busca de comodidad que no quería tener pero ni cuerpo pedía. Realmente no quería dormir, no quería que me viese durmiendo mucho menos dejarle manejando sin alguna compañía y por un instante llegué a agradecer el enorme frío que había haciéndome temblar a tal punto de dejarme despierta, y al ver el GPS y notar que aún faltaban 3 largas horas solo me hacía pedir que aquello pasara rápido porque me daba vergüenza pedir que el aire fuese apagado, pero más vergüenza me daba llegar a dormirme por ello. — Estás.. temblando — murmuró repentinamente viendo mis manos resguardadas a cada lado de mi cuerpo haciendo que quisiese ocultar mis piernas erizadas y moviéndose ligeramente del frío. — No, por favor, no lo apagues — me apresuré en pedir cuando su mano estuvo a punto de tocar el interruptor giratorio del tablero, logrando que se detuviera a medio camino y me mirase extrañado. — es que si lo apagas me dormiré — traté de excusarme aún sin quitar su rostro confundido. — no quiero dormirme. — negué. — Te hará bien dormir — contradijo volviendo a acercar su mano y en un tonto impulso de detenerle mi mano fue colocada sobre la suya para que no hiciera nada, solo que aquello había logrado que éste girase a verme quedando en un extraño e intenso cruce de miradas interrumpido rápidamente por él al desviar su vista nuevamente en la autopista y haciendo que mi mano se alejara dándole paso a la suya de que lo hiciera tomando nuevamente el volante. Salvo que repentinamente, éste giró el manubrio estacionado a un lado de la carretera mientras colocaba las luces intermitentes como si el auto presentase alguna falla. — ¿Qué pasa?, ¿Sucede algo? — pregunté siendo ignorada por él al bajarse de el vehículo seguido de mi mirada completamente confundida. Mis ojos rápidamente se fijaron en los retrovisores en busca de ver los neumáticos y comprobar que éstos estaban bien solo me hizo pensar que quizás era algún problema de el morro o algo por el estilo, sin embargo, una de las puertas traseras fue abierta y Thomas apresurado abrió su maleta posada al lado de la mía y de ésta con aquellas prendas finamente doblado logró sacar una de las suyas volviendo a dejar todo como estaba e introduciendose nuevamente en su asiento solo que, puesto en mi regazo, me permitió tomar aquella enorme camiseta gris que viéndolo de cerca pude percibir que realmente se trataba de un suéter, un enorme suéter para mi pequeño cuerpo. — póntela — ordenó con seriedad haciéndome dudar. — No era necesario, yo realmente... — no quiero que llegues mal, Luci, tienes frío, solo póntela — pidió haciéndome sentir como una niña pequeña siendo consentida aún cuando aquello se hubiese evitado si alejaba mi orgullo y terquedad de en medio. Sabía que me dormiría y más con aquél perfume varonil que se sentía más fuerte de aquél suéter, sin embargo, mis manos parecieron moverse solas como si solo le hicieran caso a mi deseo y a su voz, ignorando por completo mis peticiones “razonables” quedando envuelto en ésa amplia tela que divertidamente me cubría hasta parte de mis muslos y, una vergüenza al instante cruzó por mi rostro al notar que Thomas no había apartado su vista mientras me colocaba su ropa y aspiraba el agradable olor que de ella salía. — Huele.. huele bien — traté de defender mi vergonzoso acto sacándole una sutil sonrisa y haciendo que al fin desviara su vista a la carretera. — supondré que es algo normal de tu parte oler las ropas — murmuró enrojeciendo completamente mi rostro pero cuando quise protestar, sus labios burlescos dejaron de parecer burlarse para fijar su vista en mí exactamente. — ¿estás mejor? Asentí. Ciertamente, aquél suéter era tan suave que más que quitarme el frío hacía que quisiese acurrucarme y no importarme quedar dormida. — De verdad no quiero dormirme — susurré siendo cada vez más difícil abrir mis ojos. — Deberías, deberías hacerlo, aún falta bastante para llegar — comentó fijándose en el monitor. Y precisamente por eso no quería hacerlo, lo sentía tan injusto pero mi cuerpo se dejaba llevar por el sueño como un gran imagen atrayendo a uno mucho más pequeño. — No, me quedaré despierta — afirmé balbuceante sabiendo que no aguantaría. Hasta que, como era de esperarse, mis ojos comenzaron a cerrarse involuntariamente dejando un rostro borroso y una linda sonrisa mirándome, siendo lo último que viesen mis ojos mientras caía completamente dormida ante él.
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