Sus ojos, sus ojos tan azules como el mar me veían decepcionados. Yo lloraba sin poder sentir mis lágrimas mientras él permanecía firme ante mí mirándome con ese odio que solo me destrozaba por completo.
— Solo querías deshacerte de mí — reclamó mientras espantosamente de su boca comenzaba a salir grandes cantidades de sangre. — Nunca me amaste, Luci.
— no, no, no digas eso — supliqué intentando cerrar mis ojos para no verle pero aún así mi cuerpo no pareciendo responder, seguía mirándole aunque aquello fuese una tortura. — por favor, por favor, para — sollocé.
— ¿Parar? ¡¿Después de que me asesinaste?! — gritó logrando estremeserme completamente de pánico — me disparaste, Luci, tú me disparaste — acusó acercándose y aquél tacto delicado que anhelaba de sus manos, solo fue un agarre tosco a cada lado de mi cabeza haciendo que no pudiese apartar mi vista.— mírame — ordenó — ¡Mírame! — volvió a pedir, y en el momento en que mis ojos le vieron, la perturbadora imagen de su rostro en descomposición apareció fugazmente como si de un zombie se tratase.
— ¡Lo siento! — lloré — perdóname, por favor, yo no quise, yo no quise.. — negué luchando para no verle a pesar de su agarre.
— ¡mira lo que haz hecho, Luci! — ordenó — Lucí — llamó nuevamente sintiendo escalofríos por como su voz se distorsionaba cada que hablaba. — Luci — repitió — Luci, abre los ojos.
— Luci, abre los ojos — pidió nuevamente y, sintiendo mi cara empaparse y mi cuerpo al fin responder, mis ojos se abrieron asustado y mi cuerpo tembloroso se paralizó al ver ante mí aquella cabellera negra, solo que sus ojos, sus ojos no eran los mismos. — Dios, ¿Estás bien? — preguntó preocupado logrando sentir sus manos ser pasadas por mis mejillas quitando aquellas lágrimas que se habían salido.
Era un sueño, solo fue otro sueño.
— yo.. — balbucee y mi voz al instante se quebró completamente sintiéndome avergonzada.
Siseó — ya, solo fue un mal sueño — trató de calmar envolviéndo en sus brazos y percatandome que incluso, ni siquiera manejaba ni estaba frente al volante, sino que estaba fuera de el auto mientras mi cuerpo aún estaba en el asiento.
— lo siento — murmuré apenada apartandome. — Dios, cuánto lo siento — cubrí mi rostro con mis manos como si hacer aquello quitase aquella vergüenza.
— Descuida, solo me he preocupado — respondió tratando de quitarle importancia — estabas llorando y, no encontraba cómo despertarte. ¿Segura que estás bien? — volvió a preguntar haciendo que forzadamente yo asintiera a su pregunta y sin estar completamente convencido se apartó por poco de mí haciéndome añorar su cercanía y permitiendome ver lo que su ancha espalda ocultaba. — está abierta — comentó dejándome ver la gasolinera y una pequeña tienda que portaba un gran cartel repleto de luces indicado que permanecía abierta las 24 horas del día. — ¿Quieres acompañarme? — preguntó y yo como una pequeña mocosa, asentí.
Sabía porqué lo hacía. Ni él ni yo teníamos necesidad de comprar algo pero aún así sabía que lo hacía para animarme a pesar de que solo había sido un sueño, sin embargo, aquél simple gesto había causado que mi estómago se revolviera como si estuviese a punto de vomitar todo lo que sentía, aún cuando llegaba a imaginar que el gran nudo en mi garganta que ni siquiera me permitía hablar, no dejaría que nada saliera.
Al bajar del vehículo, Thomas no se demoró nada en apagarlo con sus llaves del auto mientras se posaba a mi lado en silencio aún cuando sus leves miradas parecían querer hablarme o más bien preguntarme algo, y no era de extrañar. Estando en su posición, habría querido saber de el sueño, saber de aquella pesadilla tan mala como para hacerte llorar, pero aquél pelinegro había decidido simplemente callar respetando mi silencio y esperando a que mi cuerpo dejase de temblar tanto como lo hacía.
No habíamos tardado en entrar al pequeño local muy iluminado y al hacerlo, una pequeña campana sonó haciendo que un hombre en el mostrador a nuestro lado se pusiera alerta y al vernos una ligera sonrisa se posó en sus labios solo que ésta se extrañó al verme haciendo que yo apartarse la mirada.
Mi cara y ojos debían de estar igual de rojas que mi cabello, aún podía sentir mis naríz más hinchada de lo normal y mis ojos picar un poco irritados y, para aquél hombre quizás aquello abría caminos a mal interpretar las cosas.
— ¿Puedo ayudarles en algo? — preguntó el gran hombre de barba deteniendo nuestro paso.
— No, descuide, solo andamos viendo — respondió con simpleza Thomas no dejado convencido al hombre.
— ¿Y tú, chiquilla? ¿Alguna ayuda? — negué haciendo confundir al pelinegro por aquellas preguntas, sin embargo, éste al mirar como nos veía a ambos pareció darse cuenta y levemente se separó de mí con una ligera sonrisa.
Un hombre acompañado de una chica con la cara llorosa, a altas horas de la madrugada, no daba mucho para imaginar y solo te limitaba a pensar en muy pocas cosas en concreto.
— De echo — murmuró él pilinegro acercandose al mostrador y dejándome por detrás — ¿No tendrá trajes daño para hombre? — preguntó seriamente y sin poder soportarlo reí atrayendo el alivio y la confusión de el hombre con barba.
— amm.. sí — balbuceó confundido— hay una sección de pesca, al fondo — indicó señalando uno de los pasillos que habían enfrente. — puede que encuentres alguno.
— gracias — se limitó en responder acercandose nuevamente a mi rostro divertido para acompañarle.
— Tenías que mencionarlo, ya se me había olvidado — comenté divertida y éste mostrando una agradable sonrisa se encogió de hombros.
— Al menos te hice reír. Aunque.. — se detuvo bruscamente a mitad de pasillo — ¿Debería preguntarle si tiene maquillaje a prueba de agua? — preguntó disimuladamente volviendome a sacar una pequeña risa tratando pésimamente de ser controlada.
— ya, para — pedí divertida y éste aún así siguió con su broma.
— Estoy hablando enserio — bromeó sin poder contener su sonrisa. Y mi cuerpo se detuvo girando a verle para luego ver al apartado de pesca que teníamos en frente.
Varias cosas como carretes, anzuelos y algunos shorts de baño hicieron que tomase algunas de estas prendas entregandoselos para que los viese mientras yo veía otra tanda.
— Mira, éste está lindo — señalé a uno azul oscuro con una malla de un color azul más claro por dentro y unos cordones del mismo color. — o podrías comprar éstos — señalé unos color verde aguamarina con flores blancas.
— ¿Cuál te gusta más?
Dudé para luego señalar el azul oscuro — estos — murmuré y el pelinegro dejó en el estante los otros de flores, y yo aproveché en lanzar una última mirada al lugar fijandome que incluso habían flotadores que tontamente me hicieron sonreír. — Mira, también puedes comprar unos para que no hundirnos en el agua — comenté en broma señalandolos y fijandome en los diseños infantiles de pelotas y ranas que tenían.
y aunque había sonado en broma, gran parte de mí lo decía en serio.
— ¿Para mí o para tí? — preguntó burlesco avergonzandome por completo, sin embargo, en un intento de defenderme y evitar la conversación, mi boca se abrió fingidamente ofendida.
— ¿Cómo te atreves? Soy una excelente nadadora — presumí de una mentira haciéndole reir mientras caminabamos de regreso a la caja para pagar.
Había mentido pero, solo era una pequeña mentira piadosa, nunca nadie había descubierto aquello y nunca había tenido la necesidad de nada, pero ya antes había tenido ésta típica conversación, y sinceramente prefería evitar aquello de “¿en serio no sabes nadar?" y los absurdos intentos de enseñarme, cosa que nunca aprendí.
— Apuesto a que no mejor que yo — canturreó y al instante ambos dejamos de hablar para girar a ver al gran hombre el cual tomó la prenda amablemente.
— ¿Algo más?.
— mmm.. sí — asintió en respuesta el pelinegro — dos chocolates de ésos — señaló al estante detrás de el hombre donde unos variados chocolates reposaban, y él no demoró en seguir su dedo tomando lo antes indicado y añadiéndole a la cuenta y, mientras Thomas se disponía a pagar mí ser algo inquieto se apartó por poco mirando a detalle cada cosa a nuestro alrededor.
— Gracias por su compra, que tengan buenas noches — dijo el gran hombre haciendo que girase a verlos y Thomas con bolsas en manos mantubiese su mirada fija en mí logrando ponerme nerviosa y avergonzada por ello.
Estaba segura que me había de ver fatal y tonta caminando como una niña chiquita buscando algo de que antojarse. Además de que sabía que la excesiva iluminación de el lugar no iba a ser favorable para resaltar las imperfecciones de mi rostro sin maquillaje, aunque en cierto modo agradecía de no llevar ya que se hubiese visto como una pintura fresca siendo mojada. En pocas palabras, terrible.
— ¿Quieres algo? — preguntó divertido tratando de fijarse en lo que antes veía.
Negué — no, solo veía — sonreí con pena acercándome para, luego de una despedida de cabeza a aquél cajero, irme siguiendo rápidamente al pelinegro. — Ya debe ser demasiado tarde y no haz descansado nada — murmuré al estar cerca de el auto.
— No te preocupes.
— yo puedo manejar si quieres — me ofrecí ignorando a sus palabras y apresurandome en llegar primero al asiento del piloto seguida de una curiosa sonrisa — Así duermes tú un poco — murmuré con vergüenza.
Él aún tenía las llaves y solo se había parado viéndome con diversión como si fuese de su entretenimiento y aquello solo así que me pusiese más nerviosa pero entendía que yo había dormido algo y él había pasado todo el rato manejando, no era justo, ni para él ni para cualquiera que viese aquello.
— Puedo aguantar dormir hasta llegar.
— falta mucho, en serio, déjame hacerlo, tú igual necesitas descansar, no es junto que solo yo lo haga.
— No haz dormido nada — contradijo — y llámame ignorante pero levantarse llorando por una pesadilla no es haber dormido bien. — se quejó callandome unos cortos segundo al recordar lo que había ocurrido recién hace unos minutos, y como si sus palabras hubiesen sido un pequeño foco de recuerdos, aquél rostro putrefacto se plasmó sobre el de Thomas acelerando mi corazón repentinamente.
— Bien pues, no voy a dejar que sigas manejando sin antes descansar algo — reproché tratando de ignorar aquella terrible imagen que solo había echo que mis ojos brillaran aún más y, justo cuando me preparaba para seguir insistiendo éste solo se acercó extendiendo ante mí las llaves de su auto.
No se porqué extrañamente me había puesto nerviosa pero por mi mente pasaban mil cosas mientras me adentraba al auto prendiendolo y esperando a que aquél pelinegro entrase igualmente con una excesiva tranquilidad algo abrumadora y fijase sus ojos en mí mientras pasaba su brazo por mi espalda colocando la bolsa con su bañador dentro, en el asiento trasero y yo arrancase al instante sintiendo como el motor nuevamente rugía al hacerlo.
Yo no manejaba mal, eso lo sabía perfectamente pero, ¿Qué persona confía su auto sin saber éso de el otro y se está tan tranquilo de copiloto y sin cinturón de seguridad?
Quise creer por un instante que estaba incómoda, o mejor dicho, nerviosa, por aquella tranquilidad, sin embargo, comprendía que lo que realmente me ponía así era que él me viese sin despegar por un segundo su mirada. Era como si lo hiciera a propósito y todo se tratara de un mal plan para incomodarme y cederle así el puesto. Cosa que no quería.
— ¿No vas a dormir? — murmuré girando a verle y éste respondió con una ligera sonrisa burles pegando su cabeza completamente del respaldar mientras sus ojos eran cerrados levemente dejándole en una pose completamente favorable. Su marcada mandíbula, su largo cuello con aquella manzana de Adán y ligeras venas brotando de él hacía que quisiese verle a su perfil toda la noche sin importar que debía girar a ver la carretera.
— Nunca dije que tuviese sueño — comentó con simpleza volviendo a retomar su posición inicial solo que ésta vez su vista permanecía fija en aquella bolsa transparente con los chocolates detro sacando uno de éstos y abriéndole con delicadeza me extendió la golosina.
— Oh.. no, come tú.
— Lo compré para tí, Luci — hizo caso omiso a mi negación aún dejando su mano extendida. — Además, ¿Quieres que duerma, no? — trató de convencerme — si como no me dormiré. — negó acercando más el chocolate a mi rostro.
— ¿Entonces por qué lo abriste si nadie comería? — pregunté divertida sacando un bufido de su parte y haciendo que dejase de extender la barra ante mí.
Aquél humor que traía en su rostro, pronto había desaparecido extrañándome y, dejando de verme y sus manos sosteniendo el dulce en su regazo, giró a ver a la ventana evitandome y dejando el carro en un completo silencio.
¿De verdad se había molestado?
«No, debía estar fingiendo» me limité a pensar, sin embargo, aquella seriedad y su drástica forma de ignorarme al punto de no verme, en cierto punto, llegaba a hacerme sentir culpable y confundida a la vez.
¿En verdad se había molestado porque le rechacé el chocolate? Solo era un dulce, ¿qué pasaba si a mí no me gustaba ése chocolate en específico?... O si no me gustaban los dulces como a él... como a Hugo; ¿A caso igual se molestaría?.
— Thomas — murmuré intentando llamar su atención aún sin saber qué le diría pero éste ni se inmutó ni molestó en girar a verme. — Claro y ahora resulta que te haz molesta — bromee con sarcasmo y el silencio fue la única respuesta. — ¿De.. de verdad estás molesto? — murmuré apagando mi sonrisa e intercalando mi mirada de su perfíl al chocolate abierto en su regazo y, como si aquella fuese la única forma de hacerlo hablar, mi mano decisiva se extendió hasta el dulce haciendo que éste se sobre exaltara y girase a verme con una mirada nerviosa y sorpresiva que solo pude decifrar cuando ya aquél troso de chocolate estaba dentro de mi boca.
Había llevado mi mano a su regazo, había llevado mí mano a su...
¡Joder!.