• CAPÍTULO XVI •

1859 Palabras
Mi rostro entero ardía intensamente y en parte agradecía que fuese de noche y no se notase mi terrible rubor. — ah.. yo — balbucee avergonzada — so...solo trataba de tomar el chocolate — intenté justificarme dispuesta a seguir hablando hasta que una limpia risa escapó de sus labios haciendo que tomase la valentía de al fin verlo. Thomas reía tranquila y suavemente recostando su cabeza completamente del respaldar y sus ojos se cerraban como si esos necesitaran estar cerrados para pensar con claridad. — ¿Solo el chocolate? — preguntó burlesco y coqueto a la vez paralizando mi cuerpo ante su atrevimiento y haciendo que ésta vez la callada fuese yo. Estaba tan avergonzada que ni siquiera podía mirarle a su rostro. Apretaba el volante con fuerza creyendo que ésto calmaría algo pero mi pecho aún así se lo movía agitado y mi cara entera ardía de lo roja que estaba. — Toma — volvió a ofrecer el último trozo que quedaba solo que no me dispuse a negarme y aún cuando no quería, aquél chocolate fue introducido en mi boca dejando el envolver vacío en su mano y maldije en mis adentros cuando éste llevó su mano arrugando el papel y metiéndolo en su bolsillo delantero del pantalón haciendo que girase a ver a la parte donde antes mi mano se había acercado sin vergüenza alguna. — Fué.. — balbucee — Fue sin querer — traté de disculparme. — ¿De verdad? — sonrió — creí que habías querido, ya me había emocionado — confesó burlesco sin pena. No lo entendía, en mi mente trataba de quitar aquella vergüenza que sentía ya que claramente había sido un pequeño accidente, pero aún cuando lo que decía era en broma, aquella picardía y burla nunca me la había esperado de una persona de "clase" y respetable como solía decir mi abuela. Y, sin embargo, a pesar de mi intenso rubor un pequeño alivio corrió por mi cuerpo al imaginar que ciertamente Thomas no era como lo imaginaba y tanto yo como él no debíamos ser la perfección que nuestros padres, en mi caso, mi abuela quiere que sea. Thomas no quería ser como ellos, solo era reprimido por sus padres. Él no era como el resto de chicos que había conocido en esas aburridas reuniones de Adelaida, a él no le había dado vergüenza decir aquello que le gustaba a pesar de no ser bien visto por sus padres, a él no le había dado vergüenza bromear y ser impulsivo. Todos éstos días Adelaida me hablaba pura perfección de él y me pedía que en el viaje me comportara pero lo único que podía ver era a un chico sin vergüenza de mostrar quién era a pesar de las críticas de los que lo rodean. Thomas me demostraba que alguien como él podía ser libre, y si él lo era, ¿por qué yo no?. No necesitaba fingir para agradar, tampoco estaba con nosotros Adelaida que pueda regañarme luego, tal y como a una niña. Y en cierto punto sentía que para ése pelinegro, mostrarme sin ataduras no iba a ser de su desagrado. — ¿Te emocionas solo porque una chica acerque su mano a allí? — murmuré con una pircardia y burla impropia de mí. Ni siquiera sabía en qué momento había abandonado mi vergüenza, ciertamente, aún la sentía solo que un extraña confianza y adrenalina era lo único que tomaba riendas a mi cuerpo y a lo que salí de mis sueltos labios. El pelinegro sin haberse esperado una contesta, pareció pensar y esbozar al fin una sonrisa como si hubiese imaginado una gran escena en su cabeza. — Soy humano, no puedo evitarlo — se encogió de hombros — y que una chica atractiva acerque su mano a mi entrepierna no me deja tranquilo, si no todo lo contrario. En otra ocasión aquellas palabras las hubiera tomado como un atrevimiento pero, ésta no era la ocasión y al escucharle, inevitablemente mi labio inferior fue mordido con sutileza girando a verle y notar que éste me miraba con aquellos oscuros ojos intensos, solo que él no era el único, puesto que yo igualmente le veía con aquella intensidad cayendo en cuenta, que estaba cediendo, y como una niña en su etapa hormonal de la pubertad deseando sentir aquello catálogado para personas mayores, cedía e igualmente le coqueteaba. Le coqueteaba a un chico con el que recién empezaba a tratar. — ¿Qué te hace sentir? — pregunté con fingida inocencia y por sus ojos un brillo de lujuria que antes había visto, cruzó, haciendo que mi pecho comenzara a sentirse más acelerado y mis manos más inquietas, aumentando a la vez la gran tensión que se generaba en aquél frío auto. — Deseo — respondió tan grave que pude sentir como mi espalda entera hormigueaba con una gran corriente eléctrica corriendo por ella. ¿De verdad estaba coqueteandole? ¿De verdad me atrevía a coquetear con alguien que apenas conocía? Realmente quise negar a aquella idea pero no podía ocultar más ni fingir aquello que no era, y sin vergüenza alguna, y como si estuviese necesitada, solo bastó verle atractivo para imaginar cosas que solo había imaginado por una sola persona y, el echo de que Thomas fuese mi vivo recordatorio de él, solo hizo que aquél deseo fugazmente desapareciera borrando aquella coqueta sonrisa que llevaba y volviese a fijar mi mirada en la vía provocando su ligera confusión. Era una zorra, era una completa zorra al imaginar aquello. Me sentía completamente sucia y una descarga infiel. Hugo tenía razón, lo estaba olvidando, lo había asesinado y ahora sin descaro sentía deseo por alguien físicamente parecido y por primera vez en mi vida, coqueteaba con alguien sin tomarle en cuenta a él, a Hugo. Aquella sensación en mi pecho no se había ido y al contrario solo permanecía haciendo que maldijera internamente al sentirme sofocada y hacer mis ojos arder nuevamente haciendo que luchara para no soltar alguna lágrima. — Luci, ¿estas.. — se escuchó a mi lado pero como si el GPS hubiera adivinado sus palabras y mi gran deseo de no hablar, un sonido suave y repetitivo empezó a sonar de éste indicando lo cerca que estábamos de llegar y, a pesar de que al ver la reconocida carretera y calles que en ocasiones concurraba, mis labios dejándose guiar por aquella pantalla se curvaron en una forzada sonrisa girando a verle. — ya estamos cerca — murmuré divertida y el pelinegro achinó los ojos aún más confundido pero como si entendiera que no quería hablar de eso, miró al frente divisando la carretera siendo ésta el centro de su atención. — Deberías avisarle a tu amiga que estamos cerca — comentó acercándose a la guantera de el vehículo sacando mi móvil y recién percatandome que no lo llevaba conmigo y éste al ver mi extrañeza balbuceó — Se había caído cuando te dormiste.. lo puse en la guantera para que no molestara. — descuida — le resté importancia y el pelinegro extendió su mano para entregarme éste salvo que solo me limité a colocar mi huella para volver a entregárselo. — es el último chat al que le escribí, dile que estamos llegando. — pedí haciendo que fijase su mirada en el móvil. — ¿Por qué la tienes agregada con dos "."? — preguntó extrañado y mi rostro palidecio al instante. — ¿Qué?. — Es el último chat — soltó extrañado al ver mi rostro pasmado. — ¿No.. no era ese? — preguntó completamente confundido viendo nuevamente al móvil. — ¿Qué ha escrito? — murmuré y tragué con fuerza al ver que mi voz casi había salido en un susurro. — “Pronto nos vemos” — respondió volviendo a verme como si esperase adivinar lo que pasaba con la reacción de mi rostro, salvo que éste estaba tan sorprendido y a la vez inexpresivo que solo le confundía aún más. Era Daniel, estaba completamente segura de eso y, aunque días antes había tenido la valentía de escribirle sin medir las consecuencias que esto podría traerme, ése mensaje más que parecer una advertencia, muy dentro de mí solo me habría las puertas a apresurarme en mis planes y arruinar socialmente lo poco que quedaba de mi vida. — Es el chat que le sigue — indiqué ignorando sus palabras aún cuando mi corazón latía fuertemente con algo de pánico. Jugaba con unas personas que no les tenían piedad ni a su propia familia y creía que yo siendo una estúpida niña creyéndose que se come el mundo, podía contra ellos y su influencia. Cuando tuve la oportunidad, ni siquiera pude contra Daniel, y ahora, ¿Qué sería diferente?. Solo me guiaba a más problemas y algo que de seguro acabaría con ellos ganado y yo muerta dejada quizás en el mismo lugar que el cuerpo de Hugo, ¿Para qué? ¿Por él?, ¿Cómo me atrevía a querer vengar su muerte si yo lo había asesinado? ¿Cómo me atrevía a querer cumplir con lo que Hugo hubiese deseado si él me había amado y yo ya giraba necesitada en busca de alguien parecido a él? Yo era sin dudarlo una completa deshonra, era una mosca muerta y alguien horrible del que detestaba pero aún así cometía los mismo errores. — ¿Quién era?. — ¿Disculpa? — murmuré girando a verle y éste, enviando el mensaje que le había pedido a mi lado, salió del chat y volvió al que antes había entrado girando a verme igualmente y atrapando mi mirada en la pantalla. — ¿Puedo saber? — Murmuró por lo bajo — Es que, no se ve que hablen y ése mensaje así..es.. no lo sé — se encogió de hombros sonriendo ligeramente como si intentase cortar la tensión que ya de por si había. — ¿Es una amiga con la que te haz peleado? — rió dejando al fin mi móvil a mi lado bloqueado. — Sí — afirmé a aquella mentira sonriendo ligeramente, y en parte llegué a sentirme mal por las seguidas mentiras que estando con él salían de mi boca. — Hemos discutido pero, supongo que supo que vendría y, bueno.. realmente no creí que escribiría. Sonrió igualmente — supongo que quiere arreglar las cosas. Asesinarme, sé que eso quiere hacer. — seguro — afirmé fijando mi vista en frente y logrando ver a unas cuadras la casa compartida con Elisa y mi confusión se hizo notar al ver a un grupo de personas, borrosa por la oscuridad de la noche, saltando y gritando tan fuerte que desde nuestro lugar podía escucharse. — oh.. rayos — murmuré notando lo que sucedía. Y, con solo ver las relucientes luces de colores alumbrar desde las ventanas de la casa, Elisa y los demás, vestidos de collares y lentes neón que alumbraban en aquella oscuridad, y la música escucharse tan fuerte como para preocuparse por las quejas de los vecinos, me hizo pensar solo una cosa que tenía realmente clara. Hoy, sin duda, no iba a poder dormir ni si quiera un poco.
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