El ruido de Elisa al verme y todos los demás al acercase había parado para ser suplantado por unas miradas divertidas y sorprendidas a excepción de Elisa la cual más que sorprendida algo de indignación y traición cruzaba por su rostro.
Haber llegado en aquél llamativo auto era lo que les sorprendía a los demás en cambio para la morena, sabía que ella estaba más sorprendida de un sensual chico alto de cabello n***o que había bajado en el momento en que había estacionado el auto y Elisa ya se había acercado a abrazarme como si fuese hace años que no me veía, cuando realmente apenas había pasado un mes y unos pocos días.
— ¡Miren a la ahora pelirroja! — alardeó Lukas algo pasado de copas acercandose pero éste se detuvo al ver lo que todos extrañados veían. — ¿Y tú eres?.. — preguntó con una ligera arrogancia haciéndome incomodar.
No quería que Thomas se sintiera incómodo, técnicamente era mi invitado, y lo último que quería era que se fuese con mala idea de mis amigos, más sabiendo que aparentemente solo me dejarían venir para Wisconsin si estaba en su compañía.
— Oh.. él, él es Thomas — le presenté rápidamente cuando el pelinegro estuvo a mi lado y Luis, con su semblante serio, giró a verle detallandole de los pies a la cabeza con algo de extrañeza causando algo de incomodidad al pelinegro que solo sonrió literalmente en un intento de romper la enorme tensión. — es un amigo — me adelanté en decir tratando de aliviar la picardía en la mirada de la morena que tenía en frente salvo que ésta solo aumentó.
— ¿Un amigo? — canturreó coqueta acercandose más a mí haciendo que también oliese el terrible olor a ron que de ella emanaba, solo que su actitud aún no parecía ser de una borracha. — ya iba a decir que no eras mi amiga por no haberme dicho nada — retó para luego esbozar una enorme sonrisa — Hola, yo soy Elisa, la mejor amiga de ésta niña que está aquí — me miró y extendiendo su mano al pelinegro, éste gustoso correspondió y la morena al separarse repitió la acción pero presentando a cada uno de ellos los cuales igual fueron presentados con un extrechon de manos.
— Un gusto — sonrió a todos y éstos, como si recién acabase de llegar al fin decidieron mostrar interés por mí nuevamente.
— Bueno, ¡Pasen! No sé van a quedar toda la noche aquí afuera — rió la morena sin esperar respuesta de nadie y adentrandose rápidamente a la casa que mantenía la puerta abierta seguida de Jhonny que trataba de tomarle el paso y los demás también se acercaron a la puerta a excepción de Luis que solo se detuvo a verme con una ligera sonrisa quedando en un incómodo silencio entre el pelinegro y el castaño.
— Luci, si deseas, entra, yo bajaré el equipaje — Murmuró con la misma incomodidad Thomas tomando las lleves entre mis manos desprevenida.
— no, yo.. yo te ayudo — me ofrecí y aunque éste quiso negarse, como si hubiese leído mis pensamientos, asintió.
— Luci, ¿Por qué no mejor entras? — preguntó Luis a mi espalda sin dejarme avanzar. — Elisa hizo ésta reunión para darte la bienvenida, yo puedo llevar el equipaje.
— descuida, no perderé mucho tiempo — sonreí al verle tratando de convencerle pero a pesar de que hablábamos con tranquilidad, la seriedad en su rostro era realmente abrumadora y más al fijarme que éste veía mi ropa como si le disgustara completamente.
Traía un suéter de hombre, traía el suéter de Thomas puesto, cubriendome casi por completo, llegando a tomarse que debajo de éste ninguna ropa había para cubrirme.
Y, aún cuando creí que éste aún así protestaría, una alta figura fue pegada a mi espalda y girando a verle, Thomas ya traía aquellas dos maletas en manos y, sin dejar que el castaño hablase, éste lo hizo. — Luis, ¿No? — preguntó dudoso recordando el nombre y haciendo que el nombrado asintiera. — Entra, no te la voy a robar por mucho tiempo — sonrió y como cereza del pastel un burlesco guiño fue proporcionado para el castaño y gran parte dentro mí vibró agitada por aquella escena.
Thomas lo hacía a propósito, éso estaba claro y todos allí lo sabíamos, tanto su sonrisa burlona, como mi mirada vagamente sorprendida y aquellos ojos avellanas tan serios que se notaba a kilómetros lo mucho que le enfadaba. Y ante ésta situación, solo me dispuse a fingir que no sabía lo que ocurría cuando Luis giró a verme y solo asintió afirmando a sus palabras para luego muy forzadamente sonreír.
— Vale — afirmó con una drástica simpleza dejando una última mirada en mí solo que antes de marcharse solo se limitó a decir: — te espero, Lu.
— ¡Wao! — exclamó burlesco por lo bajo el pelinegro a mi lado haciendo que girase a verle con los ojos abiertos por la impresión. Y, a pesar de que el castaño ya había entrado, parte de mí temía que alguien escucharla. — Diablos, sí que le gustas — rió acercandose a la par conmigo mientras se acercaba la puerta.
— cállate — silencie por lo bajo y éste solo rió más fuerte intentando reprimir sus carcajadas fatalmente al entrar, solo que ésta acción se vio mucho peor cuando no pudo más y en un intento de que éste dejase de reír y ocultarme de las miradas de todos al entrar, mis manos nerviosas solo intentaron tomarle disimuladamente arrastrándole escaleras arriba e intentado restarle importancia con mi mirada.
— Es que ni disimula — comentó en un murmullo entre risas para que no le escucharan al subir. Sisee comenzando a desesperarme.
— cállate — repetí en un susurro y en un intento de que su voz ya no se escuchara, mi mano rápidamente abrió la puerta de mi habitación y mis manos descaradamente le empujaron dentro solo que éste no se inmutó en lo absoluto y por su cuenta entró divertida y relajadamente colocando las maletas en el suelo bajo mi molesta mirada. — ¿Estás loco? — pregunté en un regaño silenciado cerrando la puerta a mi espalda — te pudo escuchar.
— ¿Y qué con éso? — rió — ¿Va a negar que le gustas? Literalmente me sentí en la primaria, actúa como un niñito enamorado, es penoso — hablaba burlesco para luego de una forma repentina dejar de reír y apagar su sonrisa al fin viéndome con algo de incomodidad. — ya va, ¿A caso.. es tú novio?
— ¿Qué? ¡No! — negué y un pequeño alivio recorrió su rostro y al igual, mis labios soltaron un leve suspiro tratando de calmarme mientras una mano se dirigía a mi frente tratando de proporcionar calmar en un leve masaje. — Luis es un amigo — expliqué — antes de irme él.. joder ni siquiera sé porqué y desde cuándo le gusto — confesé sinceramente.
Realmente no lo sabía y la única vez que había entendido que algo pasó entre nosotros fue la vez que me embriague en el club y él me había llevado a su casa, aún no recordaba qué había sucedido pero el la fiesta un día antes de que todo el problema pasara, él me había lanzado indirectas de que habíamos hecho algo, pero, suponiendo que desde ese momento he de gustarle, ¿Quién se enamora de una chica en estado de ebriedad?
Rió — Pobre, su cara de rabia al verme lo decía todo.
Bufé — sí, bueno.. — intenté cambiar de tema girando a ver las maletas y al toparme con la mía, me acerqué y coloqué sobre la cama junto con mi móvil para luego girar a ver nuevamente al pelinegro que tranquilamente miraba los alrededores de la habitación analizando cada aspecto de ella.
— ¿Es tu habitación? — preguntó deteniéndose en mi pequeño estante con algunos libros clásicos algo viejos y unos pequeños adornos y cuadros con mi familia.
— sí, yo.. — suspiré — tú habitación está a un lado — murmuré tomando su maleta y llamando su atención. El pelinegro no tardó nada en acercarse rápidamente a mí y con delicadeza su mano fue posado sobre la mía para tomar su equipaje. Un simple roce que tendrías con cualquiera, rápidamente se transformó en una terrible corriente eléctrica que causaba escalosfrios por todo mi cuerpo y, mis ojos pudieron notar al fijarse en él que ésta ya me veía con aquella intensidad como si sintiera lo mismo que yo sentía.
Todo estaba tan silencioso entre ambos que solo podía oírse la música provenir de escalera abajo pero aquello era opacado por aquella extraña conección momentánea.
¿Quién diría que una mirada oscura podría engancharte de la misma manera que un profundo mar?
Carraspee — es.. es por aquí — rompí con la mirada soltandome sutilmente de su agarre y acercándome a la puerta seguida rápidamente de él.
Mi corazón latía con tanta fuerza que me provocaba una sensación de que hacía algo malo y, a pesar de que su habitación literalmente estaba a un lado de la mía, cuatro pasos se sintieron como haber caminado un kilómetro a su lado.
— Si necesitas algo, ya sabes cuál es mi habitación — murmuré al prender la luz revelando la simple habitación de paredes blancas y con pocas decoraciones en comparación a la mía, haciendo que lo único llamativo fuese la cama de sábanas azules pastel completamente arregladas. — la habitación de Elisa es la que está al otro lado de la mía — comenté y el pelinegro asintió colocando su maleta encima de la cama y girando a ver su entorno, cosa que igualmente yo hice.
Sabía que Elisa a veces entraba aquí y solo podía sentir alivio al ver que todo parecía relativamente limpio y ordenado para ser ella la que entrase.
— ¿Cuánto tiempo planeas quedarte en verdad? — preguntó repentinamente fijando su vista en mí y de una forma cansada, como si hubiese esperado recostarse por mucho tiempo, se sentó en la cama acostando su torso y llevando sus manos a la parte trasera de su cabeza de modo que ésta quedaba aún algo levantada viéndome.
No iba a mentir, se veía bien. Aquella pose solo hacía que se marcara cada aspecto de su cuerpo y ya de por sí, aquello que sin esfuerzo se le marcaba, acostado se veía mucho más grande.
Tragué y mis ojos se desviaron en otra dirección para no verle.
— una semana, Adelaida me dijo que..
— sí, lo sé, que solo quiere que te quedes una semana — calló repitiendo aquello que ya había escuchado varias veces — solo supuse que estando aquí querrías realmente quedarte más tiempo. Por mi parte no me molesta y estoy seguro que Adelaida no se molestará mientras estés conmigo.
Bufé e instintivamente volví a verle — Aún no puedo creer que le hayas dicho de ésto cuando te pedí que no lo hicieras — negué recordando — eso fue traición.
— pero funcionó — sonrió cómplice encogiendose de hombros divertido.
— Pues tu plan no salió exactamente como querías, al fina el estafador resultó estafado — me burlé pero ver que su rostro seguía igual hizo que una duda corriera por mi mente.
— ¿Quién dijo que no salió como quería?.
Y, de todas las contestaciones habidas y por haber, aquella había sido la menos esperada por mí.
Thomas sabía exactamente lo que había hecho, él no buscaba ayudarme a que fuese si no, matar dos pájaras de un solo tiro y escapar un tiempo de su familia e ir conmigo. Él sabía que Adelaida no cedería.. a menos que él estuviera y aquél plan había salido de una forma tan espontánea y prefecta que mis ojos se achinaron al verle en aquella ganadora posición con sus aires de grandeza sin ninguna pisca de remordimiento. Y sin saber exactamente qué decir ante ésa confesión, mis labios se movieron por sí solos soltando cuatro palabras que a pesar de ser un insulto para muchos para él solo fue como haberle dicho un alago: — Eres un zorro.
Thomas era eso, un zorro astuto que a simple vista era hermoso pero de personalidad cambiante e impredecible.
Tan astuto que cualquier persona inteligente quedaría boca abierta con aquél plan y, al igual que yo, habrían creído que había sido un pequeño accidente y pura casualidad el que me obligasen a llevarlo. Y aunque aún sentía un poco de indignación por ello, no pude evitar pensar en aprovechar aquella decisión. Si Thomas había venido para estar conmigo, yo podría aprovecharle y divertirme un poco igualmente.