— ¡Auch! — murmuró fingidamente con una amplia sonrisa burlona.
Empezaba a acostumbrarme a verla, sin embargo, en éstos momentos, en términos de orgullo, estaba algo molesta. ¿Cómo podía ser así de manipulador? Había pasado varios días repitiendo que lo sentía y ahora que estábamos aquí me salía con ésto. Era un idiota, un lindo idiota con todas su siglas.
— y yo que creí que había sido un fallo en tu plan — giré los ojos comenzando a contagiarme por la diversión del pelinegro. — eres un zorro, de verdad — repetí sin lograr herirle en lo absoluto y su perfecta sonrisa se convirtió en una ladina seguido de una coqueta mirada que me recorrió de los pies a la cabeza bajando lentamente hasta mi ropa, su suéter.
— ¿Éso crees? — preguntó curioso levantandose quedando nuevamente sentado en aquella cama sin llegar a despegar su mirada lujuriosa de mí y haciendo que solo sintiese más emoción por el momento.
No estábamos distanciados, era todo lo contrario, estábamos realmente cerca y, el echo de que se hubiese sentado acortaba más la distancia entre ambos.
Estaba tan inquieta por dentro que ni siquiera me molesté en acercarme, pero por otro lado, él, sin importarle aquello, se levantó lentamente para acortar la distancia con unos lentos pasos amenzadoramente para mí corazón. Y aunque mi cerebro gritaba que retrocediera, mi cuerpo deseoso quedó de pie ante su firme cuerpo como si estuviese a la expectativa de sus actos esperando ansiosa por ellos.
— No lo creo, lo eres. Puedo verlo — afirmé con una valentía repentina y, siguiendole el juego, mis ojos le miraron de la misma forma en la que él lo hacía con aquella peculiar intensidad. — ¿O vas a negarlo? — susurré debido a la cercanía que rápido se hacía más estrecha entre nosotros por sus pasos.
Sonrió y sin negarlo una mueca de aceptación fue su respuesta antes de detenerse a escasos centímetros de mí. — Si éso quieres creer, entonces éso seré — murmuró inclinandose ante mi pequeñez.
¿Me besaría? Me besaría, él me iba a besar... Y yo no iba a detenerle.
Mi corazón latía con fuerza y tontamente mis ojos levemente se cerraron esperando aquél beso con tanto anhelo, pero como burla a mi desespero, mi cuerpo se paralizó a notar que éste nunca ocurrió. Solo podía sentir una inmensa vergüenza y mi cara arder cuando una leve risa ronca fue soltada de sus labios haciendome abrir mis ojos y caer en cuenta de lo que ocurría.
Él no iba a besarme solo se burlaba de mí. Solo se burlaba de mí deseo por besarle.
Rió — soy un zorro, ¿Ah? — se burló — pero como quieres besarme.
Bufé. — eres un completo idiota — me quejé y en un intento de evadir aquella vergüenza que sentía mis ojos fueron colocados en blanco mientras que con fuertes pasos intentaba alejarme de él.
— Ey, ey, espera — se escuchó decir divertido de su parte mientras una de sus manos rodeaba mi muñeca para detenerme a medio camino.
Realmente lo estaba, estaba molesta, pero más que molesta, indignada, por haber sido tan evidente y él tan imbécil.
— suéltame.
— ¿Tantas ganas tenías de que te besara, Luci? — preguntó como si ya de por sí la situación no fuese humillante para mí. No iba responderle, mucho hacía con verle a la cara y a su curvada sonrisa burlesca pero justo cuando iba a volver a pedir que me soltase, éste lentamente dejó de sonreír haciendo que mi mirada se tornara algo confusa.
¿A caso iba a fingir que me besaría de nuevo? o lo que es peor, ¿De verdad volvería a caer ante su estúpida y engañosa seducción?
Nuestras respiraciones se mezclaban por la cercanía al igual que nuestros ojos se conectaban como si nada a nuestro alrededor fuese importante.
Aquella mano congelada que me tomaba, poco a poco fue deslizandose hasta mi mano y, rozando la punta de mis dedos soltarme y paralizar mi corazón. Habría creído que se alejaría pero ésta vez no cedería, puesto que aún cuando moría de ganas de que hiciese aquello que sus ojos gritaban hacerme, mi cuerpo no se movió en lo absoluto y solo podía percibirse mi acelerado corazón ser el único que reaccionaba.
Ambas manos guiadas por él se acercaron a mi cintura apretándome y causando un enorme escalosfrios que azotó todo mi cuerpo y, como si fuese poco, sus ojos nuevamente viajaron a mis labios sedientos de él haciendo que inconcientemente un pequeño mordisco en mi labio inferior fuese dado causando el aumento de aquél fogoso brillo en sus ojos.
— Aparentemente no soy la única que quedó con las ganas — susurré y una frescura se sintió al instante cuando éste simplemente calló afirmando a mis palabras.
Pero, como un balde de agua fría, aquella enorme tensión que se había generado entre ambos, se cortó en el momento en que una delgada figura se posó a un lado de nosotros en el umbral de la puerta.
Sus manos en mi cintura, nuestros cuerpo tan peligrosamente cerca y una morena con los ojos abiertos completamente sorprendida era como se describía aquella vergonzosa escena.
Rápidamente mi cuerpo se apartó con brusquedad como si sus manos quemaran pero ya era tarde, puesto que aquella sorpresa en el rostro de Elisa, rápidamente fue suplantada por una coqueta sonrisa gritando a los cuatro vientos lo emocionada que estaba.
— oh, lo lamento, no quise interrumpir. — trató de disculparse la morena con una enorme sonrisa.
— No interrumpiste nada — me apresuré en negarle ignorando con vergüenza la mirada del pelinegro.
— ¿Segura? Parecía que sí — contradijo divertida volviendo a intercalar su mirada en ambos y haciendo que Thomas a mi lado soltase una casi imperceptible risa nasal. — para la próxima cierren la puerta.
— Elisa, para — negué con fastidio acercandome a la puerta e ignorando a ambos. — solo mal interpretaste las cosas — justifiqué al pasar por su lado y salir al fin de aquella habitación seguida de un divertido Thomas que parecía querer negar a mis palabras haciendo unas exageradas expresiones de que mentía, y una curiosa Elisa que nos veía a ambos con sospecha y picardía tratando de adivinar lo que claramente sucedía.
— sí, hasta yo llegaría a mal interpretar — trató de “apoyarme” Thomas con sus palabras en doble sentido haciendo que mis ojos molestos le viesen de forma amenazadora.
Lo que más me inquietaba era saber que él sí era capaz de decir aquello sin vergüenza ni descaro alguno.
— solo hablábamos — traté de explicarle a la morena pero más sonó como una especificación para el pelinegro que solo se burlaba de mi miedo en mi propia cara.
Ni siquiera quería seguir intentando justificarme y en un intento de alejarme de el tema, mi cuerpo rápidamente se dirigió a las escaleras bajandole rápidamente dejando a éstos atrás pero como si tomarme el paso no fuese difícil para él, Thomas rápidamente pasó por mi lado y un susurro casi inaudible por la música que empezaba a oírse más fuerte, él, con una mirada terriblemente coqueta y pegando su cuerpo al mío, logró paralizarme dejándome encantada con la pequeña brisa que de sus rosados labios salía al hablar.— Quizás más tarde podamos seguir hablando.
Todo mi cuerpo se había paralizado a mitad de la escalera. Elisa había echo caso omiso a mi acción y solo se adelantó al igual que Thomas en terminar de bajar, salvo que éste bajó un poco la velocidad esperandome al pie de la escalera con aquella peculiar mirada que no desvaneció aún cuando ya estábamos en la sala y todos nos veían, en especial aquél castaño con cierto recelo pareciendo notar aquella mirada que el pelinegro me daba.
— ¿Sabes? Realmente creí que no volverías — comentó burlesco Jhonny al sentarme un uno de los muebles seguida de Thomas. Elisa no se había molestado en buscar puesto y solo se sentó en las piernas de su novio rodeandolo completamente con sus largos brazos.
— Adelaida es algo dura, yo..
Rió — no hablaba de Chicago — negó con la misma picardía con la que la morena antes nos veía.
¿Tanto habíamos tardado allá arriba? Apenas se había sentido como unos escasos segundos.
Y aunque todos parecían divertirse por la situación, Luis solo quedó en silencio mientras llevaba un vaso con ron dentro a su boca.
— Guardaba mis cosas — traté de restarles importancia — y ustedes.. — cambie de tema divertida girando a ver a cada uno de ellos y parando en un Lukas intentando disimular que ya había tomado demás. — ¿Tanto me extrañaron que se quedaron hasta las.. — dudé viendo la hora en mi reloj de mano — 4 de la madrugada para verme?
— y agradece que no fuimos a Chicago a buscar y hacerte pasar vergüenza — rió la morena afirmando a mi pregunta. — Quise hacer una reunión de bienvenida pero de tanto esperar hasta tuve que esconder las botellas para que Lukas no siguiera bebiendo.
— estoy bien — trató de defenderse arrastrando por poco las palabras. — solo tomé un poco, no..o es para tanto. Ademá..as, Jhonny maneja, no yo.
— Irás a quedarte porque no voy a irme — comentó el moreno haciéndome reír por la mueca que el ojiverdes hacía, mientras que Jhonny como si le hubiese venido una idea a la cabeza giró a ver al pelinegro a mi lado — Entonces Thomas — llamó su atención — ¿Luci te comentó de la reunión de mañana?
Sí, de echo hasta se había comprado un traje de baño en el camino.
— Sí, eso creo. — afirmó divertido — me hizo que comprara un bañador de camino para acá.
— se me había olvidado decirle.
— sí y aparentemente se te olvidó también avisar que vendrías con alguien más — Murmuró Luis entrando a la conversación.
— En eso tiene razón — acompañó la morena. — ¿Por qué no nos dijiste nada? ¿Desde cuándo se conocen?
— Es que fue muy de imprevisto — traté de justificarme atrayendo la mirada curiosa de Thomas. — ni siquiera sabía si vendría.
— sí, gracias a mí está aquí realmente — se tomó el mérito — su amiga es una miedosa que le teme a su abuela de 90 años — burló tranquilamente viéndome orgulloso y haciendo que mis ojos se entre cerraran un poco ofendida.
— primero, no es tan mayor — enumeré de forma retadora al igual que como él lo hacía — y segundo, sí planeaba decirle — mentí — pero tú te aprovechaste de la situación.
— claro — rió irónico — “Adelaida es muy dura, no me va a dejar” — dijo imitando terriblemente mi voz — deberías estar agradecida.
— ¿Yo agradecida? — reí divertida. Se supone que era una discusión pero más parecía que ambos hablamos cosas maravillosas de el otro en vez de discutir. — deberías estarlo tú por dejar que vinieses, ya que éso es lo que querías hacer — me burlé retomando lo que antes me había confesado de su tonto plan solo que ésta vez ambos quedamos en silencio viéndonos como si nuestra última discusión fuese con miradas.
— está bien..— murmuró alargando las palabras algo divertida e incómoda la morena llamando nuestra atención y percatandome que todos nos veían como si fuesemos una entretenida película de amor juvenil. — de quien sea el mérito de que Luci esté aquí, gracias — canturreó en plural abriendo sus brazos como si aquellas palabras fuesen dedicadas a un gran público y haciendo que todos sonrieran al verle. — pero no hice ésta reunión para estar así de aburridos — negó divertida parándose repentinamente de las piernas de su novio mientras se dirigía rápidamente a la cocina bajo la atenta mirada de éste con si supiese exactamente lo que pasaría.
— las bebidas, te apuesto a que traerá eso — comentó divertido y sin dejar responder, la morena volvió a estar frente de nosotros levantando dos botellas y un vaso de cristal peligrosamente sostenido entre sus dedos, al aire con una enorme sonrisa divertida.
— ¿Beber ahorita? — pregunté confundida cuando las botellas fueron colocadas en la mesa.
Asintió. — obvio.
— pero, es muy tarde Eli, Thomas no ha querido dormir en todo el camino y..
— No tengo sueño, la verdad — interrumpió éste y mis ojos viejaron a él en busca de algún indicio de mentira que no encontré, y, ciertamente en todo lo que llevaba en ningún momento le había visto bostezar o cabecear en busca de dormir un poco y eso solo me hizo pensar que quizás el jueves por la mañana había dormido lo suficiente, no como yo que por la ansiedad apenas y había logrado dormir en el auto.
— ¡No se diga más! — chilló la morena sirviendo el vaso completamente y extendiendoselo al pelinegro, éste lo tomó y de un solo movimiento lo vació completamente en su boca entregando el cristal y dejándome pasmada al ver que ni siquiera había arrugando su cara por aquella fuerte bebida y, para dejarme un poco avergonzada, Elisa repitió la acción con el mismo vaso y yo igualmente bebí solo que a mí sí me ardió e hizo toser levemente al probarle devolviéndole el frasco a la morena que se disponía a servirle a todos.
Quemaba, mi garganta quemaba horriblemente y aquello me hizo dudar cuánto tiempo tenía sin beber pero realmente lo que me hizo reconocer la diferencia de las otras veces era la extraña marca de la bebida.
Nunca le había visto antes y hubiese preferido ser advertida antes de tomarle puesto que un solo vaso bastó para despertarme completamente y deleitarme con un extraño dulzor que sentía pasar por mi fogosa garganta.
«no voy a beber demaciado» negaba en mis adentros viendo el vaso siendo servido nuevamente y, no rompería a mis palabras, si bebía cuatro vasos sería mucho, igual, sabía perfectamente que con cuatro vasos nadie se embriaga y yo no sería la excepción.
No podía darle aquella terrible impresión a Thomas, ni mucho menos comportarme como una loca ebria, además, tenía cosas que hacer mañana, y embriagarme no era una opción.