• CAPÍTULO XIX •

2114 Palabras
La música, los gritos. Todo era terriblemente borroso por mi mareo que solo intensificaba al bailar. No voy a mentir, no había bebido mucho, ni siquiera había roto con mi trato interno de beber cuatro vasos, pero ¿quién diría que con cuatro tragos sí me emborracharia? Y mi alivio aumentaba al notar que al igual que yo, Elisa bailaba y Lukas, peor que antes, nos acompañaba. Los únicos que habían tomado sin llegar a embriagarse o almenos, no parecían mostrarlo, era Jhonny, Thomas y Luis el cual el último un poco eléctrico solo dejaba a relucir con más confianza aquél odio que le tenía a pelinegro. — Elisa, para de tomar — regañó Jhonny intentando quitarle la botella mientras ésta forcejeaba con ésta mismas para tenerla igualmente en su posesión. — ¡Déjala! — chillé al ver que se llevaría a mi amiga, y ésta al oírme rápidamente soltó un puchero y se abalanzó a mí como si yo fuese su protección. — de verda.ad te extrañ.ñe mucho mu... cho — lloriqueó envolviendome en sus brazos, y, sin previo aviso, aquellas palabras solo hicieron que mis ojos ardieran más de la cuenta y yo también la abrazara soltando lágrimas por lo linda que era conmigo. Thomas — Dios, las dos están ebrias — murmuró él chico que lograba reconocer como el novio de la morena, girando a verme algo cansado. En lo personal, verles en ése estado, en especial a aquella chica pelirroja que aparentaba ser tan delicada, solo me proporcionaba suma risa. Ambas extrañamente habían comenzando a llorar y abrazarse sentadas en el suelo e internamente agradecí que aún llevara mi suéter puesto, ya que éste era lo único que la cubría bajo la incómoda mirada del castaño celoso. — Creo que deberíamos llevarlas a su habitación — comenté levantándome a la par del moreno buscando una manera en mi cabeza de tomarle sin que se vaya a caer al subirla a escaleras. — Sí — afirmó éste apagando la música de la corneta y dejando las voces de ellas y los ronquidos de Lukas en el suelo, siendo lo único que se escuchase. — ¿Porr qué apagan la música? — se quejó balbuceante la peliroja levantándose torpemente del suelo y justo cuando estuve por tomarle para que ésta no cayera, aquél castaño se apresuró en antes tomarle y hacer que ésta se tambaleara mucho más y llevase sus manos al la camisa de éste para no caerse. — ¡Louis!. — Luci, mírate, joder — masculló y ésta sonrió. No entendía porqué aquella escena no era de mi agrado. Él no intentaba sobre pasarse con ella realmente hacía lo que yo iba a hacer, ayudarle, pero aún así sentir que él era su salvación extrañamente me hacía sentir como si me quitasen un premio en una pelea ganada. Jhonny había cargado ya a su novia la cual pataleaba inquieta como una niña pequeña pero éste apretaba su agarre para que no se soltara. Luis quería hacer lo mismo, puesto que intentaba tomarle pero ésta se removía impacientando al castaño que no encontraba la manera de cargarle. — ¡Suel... suelta! — se quejó zafandose bruscamente de su agarre y al instante cayendo al suelo logrando sacarle un gemido adolorido de su parte. Se había hecho daño.. — Luci, ¿Estás bien? — murmuré acortando la distancia hasta llegar a su altura divisando alguna herida hasta notar sus manos rojas pero lo que más dió a notar fue un pequeño raspón en su rodilla tiñendo el golpe de rojo sus largas piernas blancas. — moriré — sollozó haciendo un terriblemente adorable puchero mientras sus ojos cristalizados se pasaban en los míos y eran desviados nuevamente en su rodilla. Sonreí. — no, no morirás, a menos que te acuestes a dormir — propuse y ésta me miró como si tratase de convencerse de mis palabras y, sin decir nada, sus pequeñas manos fueron alzadas en el aire hasta mí en señal de que la cargase, cosa que no dudé ni un segundo en hacer. — Yo puedo llevarla — habló severo el castaño al ver que ya tomaba a la pelirroja en mis brazos. — Ni siquiera pudiste cargarla — comenté sin poder soltar una sonrisa burlona en su enfadado semblante haciendo que solo enfureciera aún más logrando notar incluso una vena crecer en su frente. Él moría de celos, se notaba a millones de kilómetros y eso era lo que más me divertía. Me divertía su enfado y eso que no me mataba en hacerlo enfadar. Siempre solía hacer aquello, buscar pelea en todas partes, hacer que estos se molestasen a tal punto de querer pelear y hacer que me divirtiese un rato, pero en ésta ocasión, no lo buscaba, realmente no lo hacía, salía solo. Y cargar ante él a Luci en mis brazos me traía más satisfacción que generar una pelea. Gran parte de mí no quería que él la llevase a su habitación, no me inspiraba confianza en lo absoluto y el echo de que Luci estuviese ebria supongo que era el motivo por el que me frustraba que éste quisiese llevársela a su habitación, y me aliviaba al ver que la peliroja había cedido en ir conmigo y no con el castaño. Suspiré. — mira, realmente no quiero discutir ahora, solo voy a llevarla a su habitación — expliqué calmadamente viendo como Luci sin prestarnos atención cerraba los ojos con cansancio. — ¿Por qué no te encargas de ése? Se ve que a él sí podrás domarlo — indiqué sereno ocultando mi burla, con mi cabeza al chico en el suelo con un botella vacía en su mano. Y, sin esperar respuesta de su parte me dispuse a subir escaleras arriba con Luci en mis brazos tal y como Jhonny había hecho con su novia unos segundos antes. — ¿Por qué e... eres malo con Louis? — balbuceó haciendo que la mirase al subir, ella aún tenía los ojos casi cerrados por completo y me tomaba de mí cuello como si eso la ayudase a sostenerse de no caerse. — no soy malo con él — negué abriendo como pude y entrando a la puerta de en medio logrando ver qué en su cama aún la maleta y su móvil ahí reposaban. — solo me ofrecí en llevarte. — sí lo eres — balbuceó soltandose en el momento en que ésta fue dejada en su cama y yo me apresuraba en dejar su móvil en su mesa de noche y bajaba la maleta al pie de la cama para que ésta pudiese recostarse. — no, no lo soy — volví a negar. Ni siquiera sabía porqué insistía con ella, de seguro ni recordaría que tuvimos ésta conversación y solo negaría a lo que en su cabeza borracha corría. — Sabes... sabes que le... gusto — dijo cuando mi cuerpo se dirigió a la puerta de aquella habitación suponiendo que era el baño y acertando en mis suposiciones para tomar algo de papel y humedecerle un poco para volver a acercarme a la peliroja. — tú le.. molestas. Lo haces apropiado — balbuceó soltando una leve risita — a propósito, perdón — corrió entre un humor que la hacían ver como una niñita rebelde. — no le molesto — negué y mi mano rápidamente tomó su pierna dejando que mi mano se envolviese en su calidez, a deferencia de ella que se estremeció sobre mi mano fijando sus brillantes ojos sobre los míos haciendo que mi mandíbula se apretase y solo me fijase en limpiar su pequeña herida tratando de ignorar aquella posición por completo. Sus delgadas y delicadas piernas estaban extendidas y algo flexionadas ante mí de una forma que me permitía ver absolutamente todo. Estaba tan abierta ante mí que me enloquecía. Mi suéter en aquella posición no le cubría casi nada de abajo, solo hacía que ante mis ojos se viese mucho más deseable y difícil el echo de tratar de disimular ante su mirada inocente y nerviosa, la cual solo la hacía ver más atractiva. Gran parte de mí agradecía ser yo el que la tuviese aquí y quise borrar aquellos pensamientos de que aquél imbécil pudo haberla tenido así ante él. — s..si lo haces.. — gimió sin poder continuar cuando mi mano delicadamente se posó en su rodilla y ésta sin poder evitarlo solo se removió asustada hasta atrás pegando su cuerpo del respaldar de la cama. — ¡Eso duele! — Por Dios, solo es agua — reí volviendo a acercarme para limpiarle y ésta quedó paralizada al ver que estaba acorralada contra la pared y mi mano volvía a acercarse a su pierna, solo que ésta rápidamente llevó sus manos siendo colocadas sobre la mía para intentar detenerme. — no..o — lloriqueó viendo mi mano con temor y como si mi suéter fuese su única salvación, ésta se hizo bolita escondiendo sus rodillas en la gruesa tela. Era adorable, aún ebria era jodidamente adorable y aquello solo hacía que sonriese viéndola como si fuese un payaso contratado para entretenerme. Cosa que sin dudarlo hacía. — vamos Luci, no duele — insistí y ésta nuevamente negó cubriendo su rostro con sus brazos. — no. — murmuró dispuesta a seguir negando solo que mis labios no volvieron a moverse y solo me dispuse a verla y detallar cada parte de ella haciendo que al notar el silencio que se había formado, ésta levantase nuevamente su mirada revelando sus dormilados y rojos ojos claros, que trataban de verme como si buscase algo en específico. — ¿Por..por qué te callas..te? — preguntó repentinamente haciendo que sonriera. — ¿Quieres que hable?. Asintió y al instante se detuvo negando dudosamente para luego, sin descaro alguno sonreír como una chiquilla revoltosa y abalanzarse hasta a mí dejándome en una difícil situación de evitar sobre pasarme. No iba a tocarle, no iba a tocarle en ése estado, pero estaba literalmente montada sobre mí en un torpe abrazo y mis manos inevitablemente se colocaron en su cintura en un intento de poner algo de distancia. — Podrías hacer otr..ra cos..sa — canturreó reteniendo fatalmente una risita haciendo que ésta llevase una de sus manos a su boca para tratar de callarse. — como dormir — propuse empujándola sin hacer mucha fuerza para que ésta volviese a quedar boca arriba recostada en la cama y una ligera sonrisa escapó y se asomó en mis labios cuando su rostro entero enrojeció quedando del mismo tono que su largo y algo desalineado cabello. — ¿Ten..ten dremos sex...sexo? — preguntó nerviosa y mi sonrisa se hizo más a notar por aquella pregunta. Ella era como un pequeño gato intentando ser un león pero a medio camino se acobardaba dejando a relucir aquella miedosa niña que era y, en cierto modo llegaba a percibir aquella inocencia mezclaser con su atrevimiento y algo pervertido interior dejando como resultado la combinación perfecta de una chica. Aparentando ser tímida pero, por dentro, teniendo aquél ser que demostraba que podía ser todo lo contrario. — No. Hablaba de que debías dormir, Luci — corregí — quizás así se te pase la borrachera. Bufó. — pri..primero el bes..so y luego ésto — negó más de la cuenta haciendo que pareciese que su cabeza se saldría de su cuerpo. No le entendía, realmente no lograba entender todo lo que decía, pero a pesar de sus palabras arrastradas, para insultar si se le iba a la perfección. — eres un id..diota en serio. — No voy a acostarme contigo — reí — y menos en estás condiciones. — ¿Cu.. cuales condiciones? Y..yo acepto todas — asintió intentando volver a acercase solo que ésta vez, siendo más rápido, ambas manos fueron colocadas sobre sus brazos privándola de movimiento y solo ocasionando que ésta se quejase moviendo las piernas subiendo aún más su vestido. — no me refería a eso — negué. — no voy a hacer algo de lo que luego te arrepientas. Prefiero que me lo pidas cuando estés completamente cuerda. — Estoy cu..cuerda — trató de convercerme y sus finas cejas rápidamente se curvaron en suplica. — almenos un bes..so — murmuró haciéndome sonreír nuevamente. La deseaba. No sabía si era el alcohol recién comenzando a jugar con mi cerebro pero realmente comenzaba a ver tentadora la situación de al menos besarle e irme, de verdad aquella petición habría sido pensada de no haber sido porque sus perfectos y rosados labios nuevamente se movieron pronunciado algo que hizo que instantáneamente mi sonrisa se apagara: — por favor, bésame, Hugo. — soltó casi en un sollozo callandome por completo. Hugo... Ella imaginaba a otra persona.
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