"Encuentro Bajo El Roble"
El sol del atardecer pintaba el cielo de tonos dorados y naranjas mientras Emma paseaba por el pintoresco parque de la ciudad. Era una tarde tranquila, y el parque estaba salpicado de personas que disfrutaban del aire libre. Emma, con su largo cabello oscuro ondeando con la brisa, caminaba absorta en sus pensamientos. No estaba segura de por qué se sentía tan inquieta ese día en particular.
El parque era su refugio. Siempre había sentido una conexión especial con la naturaleza, y ese lugar le brindaba paz y serenidad. Mientras caminaba por el sendero de piedra, llegó a su rincón favorito: un antiguo roble que se alzaba majestuosamente en medio de un pequeño claro.
Emma se acercó al roble y se recostó suavemente contra su corteza rugosa. Cerró los ojos y dejó que los rayos cálidos del sol acariciaran su rostro. Sus pensamientos la llevaron atrás en el tiempo, registrando momentos felices y momentos difíciles. Pero en ese instante, en ese lugar, solo quería estar en el presente.
Mientras sus pensamientos vagaban, Emma escuchó el sonido de pasos acercándose. Abró los ojos y vio a un hombre alto, de cabello castaño, que se acercaba al roble. Llevaba una camiseta azul y pantalones vaqueros. Sus ojos azules brillaban con una mezcla de determinación y curiosidad mientras caminaba hacia el mismo rincón del parque.
Emma se sintió momentáneamente sorprendida y un poco intranquila. El parque rara vez estaba tan concurrido, y este hombre estaba a punto de interrumpir su momento de tranquilidad. Sin embargo, algo en su expresión la hizo quedarse donde estaba.
El hombre se detuvo a pocos pasos del roble, miró a su alrededor y luego escuchó. Ese gesto hizo que Emma se sintiera más relajada. Él también parecía disfrutar de la serenidad del lugar.
Sin embargo, la paz no dura mucho. De repente, un fuerte golpe de viento agitó las ramas del roble, haciendo que una lluvia de hojas cayera sobre ambos. Emma río, sorprendida por la inesperada ráfaga de hojas.
El hombre rió también y miró hacia arriba para ver las hojas flotando a su alrededor. "Parece que el roble está compartiendo sus bendiciones contigo hoy", dijo con una sonrisa amable.
Emma ascendiendo, todavía riendo. "Sí, parece que sí. Es un roble muy generoso". Sus ojos se encontraron por un momento, y Emma notó una chispa de conexión en su mirada.
Después de un breve silencio, el hombre extendió su mano. "Soy Lucas", se presentó.
Emma tomó su mano con una sonrisa. "Soy Emma. Un placer conocerte, Lucas."
A medida que continuaron conversando bajo el roble, descubrieron que tenían mucho en común. Ambos compartían un amor por la naturaleza, la música y las largas caminatas al aire libre clásica. Hablaban de sus sueños, esperanzas y deseos, como si se conocieran de toda la vida.
El sol comenzó a ponerse, y las sombras se alargaron sobre el claro del parque. La conversación fluyó tan naturalmente que ni siquiera se dieron cuenta del tiempo que pasaba.
Lucas finalmente miró su reloj y pareció sorprendido. "Debería irme, Emma. Ha sido un placer conocerte".
Emma se acerca con tristeza. "Sí, ha sido maravilloso hablar contigo, Lucas".
Intercambiaron números de teléfono y se despidieron bajo el roble, prometiendo mantenerse en contacto. A medida que Emma lo veía alejarse, sintió una mezcla de emociones: alegría por haber conocido a alguien tan especial, pero también una extraña sensación de que este encuentro podría ser el comienzo de algo mucho más profundo y significativo.
El primer capítulo de "Promesa de Amor Eterno" había comenzado con un encuentro bajo un roble, pero lo que aún no sabían Emma y Lucas era que este encuentro marcaría el inicio de una historia de amor que desafiaría el tiempo y las circunstancias