MESÓN SABROSO Entraron al Mesón Sabroso sin ceremonia: él primero, ella después, y enseguida les ofrecieron una mesa junto a la ventana. El camarero les dejó las cartas encima y se despidió con un gesto. Jandro colgó su chaqueta en la silla y miró a Elena, que ya había echado un vistazo al menú. —Aquí sirven buen bacalao —dijo ella—, pero antes, ¿has pensado en la supervisión que te encargué? —Sí —respondió Jandro—. Reviso los turnos de tarde esta semana y hago un informe preliminar. Hay un par de irregularidades en los tiempos de parada de equipos, pero puedo organizar una visita sin que lo noten. —Perfecto. Eso, y tu propuesta de mejora de protocolos: inclúyela en el documento. Luego discutimos el cronograma. —Entendido. En ese momento, el camarero llegó con una fuente humeante de

