LO QUE QUEDA CUANDO ALGUIEN SE VA Jandro no se movió. El silencio de la terraza se hizo denso como el aire antes de una tormenta. Miraba la puerta por la que Maribel había desaparecido, sabiendo que nada de lo que dijera ya podría alcanzarla. Solo el viento, suave pero frío, le rozaba los brazos descubiertos. ¿Qué he hecho?, se preguntó, no por primera vez en las últimas semanas. Maribel bajaba las escaleras a trompicones, las piernas temblorosas, la garganta seca, con el pecho encendido de algo que no era solo rabia. Era una mezcla caliente de humillación, deseo truncado y el golpe del rechazo. Quiso gritar, pero lo único que salió fue un sollozo cortado, torpe, que apagó contra el puño apretado. ¿Cómo ha podido hacerme esto?, pensaba.¿Cómo ha podido elegirla a ella? Jandro se sentó

