Esposas prestadas 19

1110 Palabras

Vera dejó atrás la terraza sin volver la cabeza. Caminó deprisa, con pasos que no quería que parecieran una huida, pero que lo eran. Empujó la puerta del bar y el cambio de luz la desorientó un instante: penumbra amable, música baja, ese olor indefinible a café recalentado y alcohol antiguo que tienen los lugares donde se espera demasiado. Se sentó en la barra. —Una infusión, por favor —pidió—. De manzanilla… o lo que tenga. Marita la observó con atención antes de responder. No era curiosidad: era experiencia. Le sirvió la taza sin hacer preguntas, pero no se fue. —Respira —le dijo en voz baja—. Aquí nadie te va a apurar. Vera asintió. Tenía las manos frías. Las apoyó alrededor de la taza como si pudiera absorber algo de calma a través del calor. —No conozco este sitio —dijo, más par

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