Esposas prestadas 20

950 Palabras

Un hombre sentado con las piernas cruzadas, copa en mano, traje claro pese al calor. No miraba el teléfono ni el paisaje. Miraba a las personas. Las evaluaba. Cuando sus ojos se cruzaron con los de Vera, él sonrió con lentitud, como si la reconociera sin haberla visto jamás. A Vera le recorrió un escalofrío seco, sin dramatismo, pero definitivo. —Pablo —dijo, en voz baja—, ¿quién es ese hombre? Pablo tardó en responder. —Un… conocido. Enrique se levantó. Caminó hacia ellos con una seguridad antigua, gastada pero eficaz. Al acercarse, su sonrisa se ensanchó apenas. —Así que tú debes de ser Vera —dijo—. Encantado. Ella no le dio la mano. —¿Nos conocemos? —Todavía no —respondió él—. Pero todo llega. Vera miró a Pablo. Él evitó su mirada. En ese instante, sin necesidad de pruebas ni

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