Esposas prestadas 21

996 Palabras

Enrique subió por la escalera con la seguridad de quien no teme ser rechazado. Conocía ese tramo de moqueta, la luz mortecina, incluso el olor: una mezcla de jabón barato y deseo antiguo. Llamó una sola vez. Fue Fede quien abrió. —Vaya —dijo, apoyándose en el marco—. Pensé que ya no visitabas fantasmas. Enrique sonrió. —He venido a recordar viejos tiempos. Desde el interior de la habitación, Vicky apareció envuelta en una bata ligera. No parecía sorprendida; más bien resignada, como si aquella visita hubiera sido una posibilidad siempre latente. —Eso exactamente —añadió Enrique, entrando sin esperar invitación—. Recordar que hubo una época en la que los tres sabíamos divertirnos. Se sentaron sin prisa. Nadie ofreció bebida; no hacía falta. Bastaba con la memoria. —¿Te acuerdas del

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