—Tus amigos son encantadores —comentó Lorenzo Jódar mientras conducía con tranquilidad por las calles algo vacías de la ciudad—. Me sentí bien recibido, aunque… confieso que Jandro y Ana parecían algo tensos conmigo. Isabel rió con suavidad. —Normal. Tú llevaste el caso del secuestro de Ana, y aunque saliera todo bien, nadie quiere recordar los peores momentos de su vida. —Claro… A veces olvido eso —asintió el comisario—. Supongo que verlos hoy me hizo pensar en cómo el tiempo transforma a la gente. Ella estaba rota entonces. Hoy la he visto fuerte, serena. —Ana es valiente. Y Jandro la adora. Le ha costado reconstruirse, pero lo han hecho juntos. Lorenzo asintió y, tras un segundo de silencio, añadió: —¿Y Héctor? Ese no me ha dado buena espina. Lo siento. Puede que no haya hecho nad

