Siempre amigos 6

1052 Palabras

Isabel no podía dormir. Lorenzo respiraba despacio a su lado, dormido profundamente, con el rostro relajado y un brazo extendido sobre la sábana. Su perfil, ahora en calma, conservaba ese aire grave y sereno que tanto la atraía. Lo observó en silencio durante un rato, con la cabeza apoyada en la almohada, los ojos abiertos en la oscuridad tibia del dormitorio. No era una mujer ingenua. Jamás lo había sido. Ni siquiera en su juventud más ilusa se había entregado del todo a la idea de los cuentos de amor eterno. Por eso, aunque su cuerpo aún conservaba el calor de lo que acababan de compartir, su mente trabajaba en otro plano. Lorenzo Jódar no era un hombre cualquiera. Era comisario. Inteligente, metódico, acostumbrado a mover piezas sin mostrar la mano. Y aunque algo en su manera de esta

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