La suite del hotel en el que nos alojamos es increíble. Ha reservado un sitio para nuestra luna de miel y yo me siento como en un sueño. Es como si todo lo que he vivido anteriormente nunca hubiera existido y simplemente estuviera viviendo una época de fantasía a su lado. No podía imaginar que al conocerlo todo cambiaría tanto... que una mirada marcaría la diferencia, que unos labios me harían la vida de otro sabor y no podía pensar en aquel momento que se podía ser tan feliz como soy hoy en sus brazos. Los días han cambiado tanto que casi no me reconozco en ellos. Soy un pedazo de mi, metida en una nueva persona que también soy yo pero después de experimentar la felicidad extrema. —Si pudieras verte como te veo yo —me confiesa desde su posición de lado en la cama apoyado en un codo —,

