El Cardenal habló extensamente sobre su necesidad de tomar medidas extremas por el bien común y para promover los intereses de Dios. Su grandilocuencia hizo sospechar al cazador que todo era pura farsa o un intento de apaciguar su conciencia. En cuanto al vampiro, le era completamente indiferente y dijo que no le importaba en absoluto para qué se usara. No le interesaba este supuesto «Dios», y menos aún el bien común. En ese momento, el cazador comentó que la figura tenía una voz susurrante, pero que el vampiro usaba su poder sobrenatural para proyectarla y ser escuchado fácilmente. El Cardenal le entregó al vampiro una gran bolsa de cuero, que inspeccionó y descubrió que estaba llena de oro y joyas. Satisfecho, le entregó un frasco que contenía una sustancia desconocida. Al extender la ma

