No sé cómo comportarme durante el almuerzo. Hugo y Diego preparan carne afuera y yo me quedo dentro. La mujer que acompañaría a Diego aún no ha llegado.
Hugo me llama y me ubico a su espalda. Mi marido requiere algún roce. Quiero pensar que es porque hoy nos toca tiempo juntos y no porque como típico macho necesita sentir delante de otro que tiene mujer. Me inclino hacia adelante y le doy beso en el cuello. Él sonríe y acepta tal acto gustoso. Tal vez para él estaba todo igual, pero yo no sé que me pasaba a mí que cualquier razón era motivo para enloquecer.
—Iré al baño. La cerveza me está obligando —informa Diego y Hugo solo asiente—. A la carne aún le falta. Así que no te molestes.
Sigo dando besos en el cuello de Hugo. Solo ha solicitado un poco de roce, pero mis besos son el reflejo de mi estado ahora. Y me atrevo a asegurar que él no se está dando del todo cuenta, aún cuando incorporo mi lengua.
La playera que llevo —tengo varias para los días que permanezco en casa— es subida por unas manos y muevo mi cabeza un poco encontrándome con la braga deslizándose por mis piernas.
Sé que es él y aún así, a pesar del peligro, del descaro que representa que me esté dejando tocar por el amigo de mi marido, no puedo separarme.
Siento unos dedos recorrer mi hendidura y resbalar en ella. La sensación que me produce me altera más, dejando más humedad de la que ya me domina. Un lametazo me hace removerme. Procuro seguir con los besos a Hugo, pero ellos han perdido la inocencia del todo. Ya incluyo mordiscos y succiones.
Las manos de Diego presionan mis muslos, poniendo más empeños en sus succiones. Lamo con insistencia a Hugo e intento tomar sus labios con ferocidad. Hugo se asombra, lo sé, pero tampoco me importa. Los lametazos son más intenso y lo veo todo rojo. No puedo aguantarme. Dos dedos me perforan con agilidad y un gemido se escapa de mis labios alto justo en el oído de mi marido.
—Charlotte —susurra y quiere levantarse, pero lo retengo con una mano.
—Déjame terminar que él debe estar al regresar —demando en su oído mientras le doy rienda suelta a mis gemidos.
Una lamida más, dos empellones con los dedos y yo tengo un orgasmo más arrebatador que el primero. Los espasmos no cesan y mis gemidos tampoco.
Mi marido se levanta de la silla y en tal movimiento llevo mi mano a mi coño. Aún estremezco así que no pienso. Controlo mi respiración e intento subir mi braga cuando me doy cuenta que he dejado un gran charco en el suelo.
Jamás me había corrido así.
Aún respiro con dificultad acomodándome la ropa mientras Hugo me observa desde su sitio. Su mirada es diferente a la que lleva siempre. Está cargada de lujuria.
— ¿Tenemos un rapidito? —pregunto y Hugo da una zancadas hasta meter su mano debajo de mi braga y tocarme.
—Limpiaré este desastre, cariño —comenta mientras toma mi mano y me lleva a la habitación.
No me deja hacer nada. Me lanza la cama, me quita las bragas y abre mis piernas para él. Se arrodilla en el suelo y, sin perder el tiempo, hunde su cara en mi coño y chupa con enajenación. Sus labios son precisos y su lengua no deja de ser hábil. El que me haya corrido en la boca del amigo no es un impedimento para que mientras más toma más me moje.
El sexo oral siempre estuvo, pero ya no tan frecuente como al principio. Mi marido ha vuelto a devorarme el coño como un animal hambriento y yo lo estoy disfrutando a niveles que no puedo describir.
Contraigo mi sexo y la sensación se multiplica trayéndome espasmos que son arrebatadores. Gimo entregada, sometida, encantada. Su mano magrea mis tetas aumentando aún más el momento de liberación. Me corro como hace minutos y esta vez es él quién gana todo lo que suelto.
Al terminar me levanto de la cama y me acuclillo, procurando entregarle el mismo placer. Tomo su polla con mi mano y la llevo a mi boca dando lametazos en la punta antes de tomarla por completo.
Mi saliva se desliza por la comisura de mis labios mientras engullo toda su longitud. Sonidos placenteros hacen eco en la habitación. Me prendo con más ganas mientras Hugo procura introducirse más. Una arcada no me limita, tampoco a él, quien en dos embestidas más a mi boca se deshace sobre mi lengua.
Me levanto y busco otras bragas. Hugo se mantiene mirándome, recorriéndome entera como hace algún tiempo no hace. Lo observo una última vez y paso de él para dirigirme a la sala. Mi marido para por delante, atendiéndome otra vez, antes de ir con su amigo: el incentivo en nuestra vida s****l.
La semana pasa como es común y me pregunto si necesitamos más incentivos. También el trabajo nos abarca mucho tiempo a ambos. El viernes llegaba otra vez y yo me apresuraba en ir a casa.
Antes de que pudiese entrar a la ducha, Hugo llega a casa. Está vez su amigo no lo ha acompañado.
Antes de darme el beso de saludo, me toma de la cintura y me carga hasta llegar al sofá. Me lanza sobre él y se ubica arriba mientras reparte húmedos besos por todo mi cuerpo.
Me froto con él sintiendo como mi coño empieza a humedecerse. Llevamos algunos días de receso, por tal motivo de algunos toques ya estoy lista para su penetración.
—Tenemos unos pocos minutos. La puerta no está cerrada. Diego está abajo tratando sobre el trabajo. Así que se silenciosa y no desaproveches.
Me embiste con rapidez y parece increíble como mi sexo lo acepta gustoso. Las acometidas son rápidas, fuertes y el beso intenso no tiene para cuando acabar. Me remuevo también debajo aumentando más el placer.
No sé cuánto tiempo pasa pero no llega a los cinco minutos cuando estoy teniendo espasmos debajo de Hugo. Él no se detiene, alargando más el momento, llenándome con su semen.
Me da un salvaje beso antes de levantarse de encima de mí.
—Tomaré mis cosas —informa y yo asiento antes de caminar hacia el baño.
Me ducho en menos tiempo que el que requerí el viernes anterior y alcanzo la toalla para secarme. Aplico crema en todo mi cuerpo y en medio intento siento la puerta del baño abrirse. Esta vez no vacilo en mirar hacia afuera, pero ya el hombre que vi el viernes anterior no yace en la puerta, ya entra y la cierra.
Se lleva una de mis tetas a la boca y la devora en succiones y lamidas. Un gemido bajito sale de mis labios mientras él me toma de la cintura y me sube al lavabo.
—Tenemos tres minutos. Hugo casi termina. Sé silenciosa y aprovecha —demanda antes de sacar su polla e introducirla sin piedad.
Decir que puedo negarme, es mentir. Cuando Diego empieza a embestirme, de esa forma en la que deberían coger de vez en cuando a una mujer, se me olvida todo, incluso que antes he follado con mi marido.
No deja sus boca contra la mía. Él la pasa por todo el sitio que tiene disponible. Azota mis tetas antes de volver a atenderlas y me levanta un poco antes de dejar su mano sobre el lavabo e introducir un dedo por mi trasero.
Demasiado atendida, demasiadas cosas, demasiado placer. Su boca en mis tetas, su polla en mi sexo y su dedo causando estragos detrás. Una vez más y termino teniendo el segundo orgasmo, este mucho mejor que el primero. Mojando sin piedad a Diego quien no se limita a ello y se corre ante mi cara, dejando mi sexo cubierto desde afuera con su liberación.
Sale del baño con rapidez cerrando la puerta y yo me apresuro en lavarme antes de que mi marido pase a despedirse.
Y ahora todos los viernes Diego viene para una follada de cinco minutos en el baño y unos cariñitos los domingos en el almuerzo. Mientras tanto mi marido y yo hemos activado la lujuria a niveles altísimos.
A veces solo se necesitan algunos incentivos. Y no valen las críticas. En el sexo todo está permitido.