—No. Sonreí con mi rostro metido en el hueco de su cuello y con sus manos sobre mis muslos por debajo de mi vestido. —Debes dejarme ir. —No quiero… quiero ver a mi hijo y llevarlo al parque, llevarte a cenar… hacerte el… —Cuidado, semental —Le di un beso y lo alejé. Tenerlo cerca era peligroso y ya me sentía bastante cansada, aunque mis ganas fueran extremas. —Te amo. —Yo lo sigo pensando. Me dio una nalgada y después me volvió a abrazar para después darme un beso en la boca. —Te amo, amor —Le dije y bajé del auto, para luego subir al autobús que venía y despedirme con un movimiento de mi mano en el aire a través de la ventanilla doble. No era nuestro adiós definitivo. No creo que entre nosotros existiera tal cosa y dudo mucho que algún día lo dijéramos, porque después d

