Nunca me perdería, de eso podía estar seguro porque, se había ido tres años y ahora que estaba aquí de nuevo mi cuerpo había reconocido a su dueño, mi corazón latía a su ritmo y ni hablar de lo bien que nuestros cuerpos encajaban, aún cuando él era más grande. Parecía haber sido hecha para él. El lobo había retornado, había regresado más fuerte que nunca y venía dispuesto a reclamar lo que siempre había sido suyo. Y estaba más enérgico que nunca. De la cama a la cocina y de la cocina a la ducha. Fui suya toda la tarde y una vez en la cama de nuevo me dediqué a besar sus dulces labios hasta que los míos se desgastaron. Tanto tiempo y no sabía que lo único que necesitaba para sentirme plena era él y todo lo que me hacía cuando estábamos juntos. —Te amo —Me dijo con sus ojos brillan

