Ese día me había levantado con un enorme malestar en el estómago, con una fatiga del carajo y con un pésimo mal humor que me sobrellevaba, en especial cuando no había podido dormir en más de la mitad de la noche, debido a las ganas incontenibles de ir al baño, tanto así, que en más de una ocasión había despertado a mi bebé, pues no me atrevía a dejarlo en una habitación solo por el miedo a que alguien se metiera a la nueva casa. Después de lo que pasó con Ale no me confiaba de nada ni nadie, aun cuando parecía que mantenía un perfil bajo porque siempre estaba al pendiente de todo. Ese día tenía el juicio contra el cliente de Preston, y al final de la mañana había conseguido hacerme de la victoria, haciendo justicia para mi cliente, quien no solo me agradeció, sino también me invitó a una

