— Mierda — dije sin pensar en que un montón de periodistas me pudiera escuchar, por suerte todos estaban más preocupados de alguna famosa actriz que acababa de llegar. Thomas que se había percatado de mi shock, y por supuesto la razón de él, me arrastro hasta las escaleras, esquivando a todo aquel que se nos acercara. — No lo entiendo — le dije cuando llegamos al balcón —, ¿De dónde sacaron más cuadros? Sentía como si se abriera agujero en el suelo y me comenzara a tragar lentamente, cubriendo cada parte de mi cuerpo y apretando hasta dejarme sin aire en los pulmones. — ¿Estas bien? — pregunto Thomas — No. Mierda, no estoy bien. No lo entiendo — comencé a desesperarme —. No hay más cuadros, solo los que están en Texas, y los... Estúpidamente caí en cuenta demasiado tarde. O tal vez n

