Encuentros peligrosos Pasé la primera noche en su casa y debo decir que fue muy cómica. Yo me acosté en su cama y me puse un pijama rosado totalmente cubierto porque ahí hacía mucho frío, él tenía aire acondicionado y no acostumbro a dormir de esa manera. Aleksander se acostó en un mueble que estaba junto. Me levanté un momento a apagar las luces porque eran pasadas las once y el de inmediato, abrió los ojos como platos al verme junto a los interruptores. Se acercó a mí. -¿Qué vas a hacer? – Preguntó nervioso. - Apagar las luces, es tarde. ¿No dijiste que tenías mucho sueño? - Sí, pero yo… tengo ciertas costumbres. - ¿Las apagas más tarde? Disculpa, debí preguntar. - No, no es que las apague más tarde. Es que no me gusta la oscuridad. Usé todas mis fuerzas para reprimir las ganas

