5.

1904 Palabras
“El viaje”. Esa noche no me fui vestida como lo solía hacer siempre, me puse unos jeans y un suéter, ya me vestiría luego en el club, no quería que Dante me viera vestida de la otra manera, no sé por qué me importaba tanto lo que el pensara de mi si apenas lo conocía. Mi padre estaba en la entrada, me había llamado antes para decirme que pasaría por mí. Me llevó antes a cenar y luego nos dirigimos al club. Me dirigí hasta el vestier, Angie y Magdalena estaban ahí. Hipócritamente me saludaron y las ignoré, no sé por qué lo que ellas pensaran de mí no me importaba en lo absoluto, pero con Dante es muy diferente. No puedo entenderlo. Hoy había un show especial, era el aniversario del club y, por ende, nos toca hacer cosas más específicas.  En pocas palabras, pornografía visual.  Aun no me habían dicho lo que me tocaría, pero ya podía imaginarme lo peor. Puedo hacer cualquier cosa, cualquiera que no implique tener sexo con ningún cliente del club ni nadie. Cuando llegue por fin a tener sexo, espero que sea con alguien que ame, no con ellos ni mi papá. Cassandra nos llevó los atuendos, eran negros, con lentejuelas y llamativos. -¿Sabes lo que nos toca hacer chiquita? -Le pregunté. Este es un apodo que ella ha tenido desde el principio, le gusta que la llamen así. Ella también era mi amiga, al igual que Jero, mis únicos amigos en el mundo. Por supuesto tampoco se llevaba bien con Angie y Magdalena, a ella no le ha tocado fácil, ha sido abusada muchas veces por ser transexual. No entiendo como las personas pueden ser tan crueles por una preferencia s****l. Es algo natural, no me cabe en la cabeza que eso sea un motivo suficiente como para humillar y degradar a alguien. -Show lésbico, te toca besarte con las otras dos putas y ya sabes que otro tipo de cosas. -Me dijo y me horroricé, no quería hacer eso de ningún modo. -No pienso hacer eso. -No tienes opción, sabes que es lo que te toca. De hecho, a mí también me toca participar con ustedes, pero no me importa sencillamente, sabes que me dan igual las mujeres. Habla con tu papá, de seguro si lo consientes un poco te deje solo hacer tu show habitual. ¿Cuáles eran mis opciones? ¿dejarme besar y manosear por tres chicas delante de unas cien personas o besar un poco a mi padre? Ya lo había besado antes, pero eso me asqueaba, es enfermizo, aunque eso de besar mujeres creo que es aún peor. Nunca he besado a ninguna mujer ni quería hacerlo, menos que me toquen o besen mis partes y más delante de todos. Fui al despacho de papá, lo convencería, era muy fácil hacerlo. Estaba ahí sentado en su escritorio, escribiendo algo en el computador. Su despacho es bastante elegante, al fondo hay una pared de ladrillo, todos los muebles son de madera oscura y hay varios cuadros que le dan un aspecto bohemio. El siempre busca lo mejor. Sonrió al verme entrar. -Pequeña. -Quería pedirte algo y sé que puedo contar contigo, ¿no es así? -Dije y sonreí un poco, me costó bastante porque me sentía muy incómoda. - ¿Podría no participar en el show con las chicas? Puedo salir antes y hacer lo de siempre, luego que salgan ellas. -Eso no se puede, en los anuncios pusimos que saldrían todas las chicas. Todos esperan verte Belén. - Pero podemos arreglar eso. -Le dije y me acerqué a él, giré su silla y me senté encima de él. Podía sentir su m*****o endurecerse debajo de mis partes y me sentí muy mal pero no tenía más opción. Que me bese una vez mas o una vez menos no hará ninguna diferencia. Él estaba sorprendido, me miraba y no podía decir ninguna palabra. - ¿Podemos arreglarlo de alguna forma? -Sí- Dijo casi entre susurros, lo noté nervioso y hasta temblaba. – Prometí no volver a tener sexo contigo, no voy a caer en eso de nuevo. -Bueno. -Sólo… déjame besarte y tocarte un rato, ¿te parece? Y ya no tendrás que hacer ningún show hoy ni el fin de semana. -Está bien. -Dije y mi rostro quemaba aún más cada vez. Aunque ya que me besara y me tocara me daba igual. No me afectaba ni me alegraba, simplemente no sentía nada. De esa manera había programado mi mente con el pasar de los años, aprendí a hacerlo. -Pero también tócame un poco ¿sí? No abusaré. -Está bien. – Respondí y me hizo bajar con él hasta las habitaciones, esas las usaban las chicas con los clientes. Chiquita me vio y me miró con tristeza. Me mostró un pequeño sobre que tenía escondido debajo de las mallas. ¿Cómo no se me había ocurrido? Con drogarme podría simplemente alucinar o no sentir nada. -Buscaré algo antes papá, espérame adentro. Fui con ella y nos encerramos en el baño. -Tengo esto, no sé qué es ni lo que causa, pero supongo que ayudara. – Dijo y me mostró un par de sobres, unos contenían unas pastillas y el otro era un polvo blanco. - ¿Al azar? -Pregunté. - Al azar. -Afirmó, cerré los ojos y agarré el primero que pude. Era el polvo blanco. Rápidamente lo vacié en el tocador y aspiré lo que más pude. Me ardió bastante. También me tomé una pastilla blanca, era algo grande. -Me da curiosidad, también lo haré. -Me dijo y aspiró el resto que quedaba. Mi nariz ardía y mis ojos lloroseaban. Cassandra se veía igual. -Esto es lo más genial que he hecho. -Dijo riéndose. Salí rápidamente. No sé cuánto tiempo dura el efecto así que me apresuré a llegar a la habitación de mi padre. Entré, estaba sentado en el borde de la cama y me miró con perversidad en sus ojos. Al ver su lujuria y deseo, de inmediato me arrepentí y salí despavorida del lugar. Ya luego me las arreglaría con él. Salí caminando y me sentía extraña, pero aún era normal. Pensé que estaba mareada por la forma rápida en que salí corriendo, pero no. Entonces recordé lo que me había tomado y en la esquina sin importarme que me vieran, me agaché e intenté vomitar metiéndome los dedos en la boca, pero fue inútil. Ya había pasado mucho tiempo desde que me la tomé. Ahí empezó una larga y horrible noche. Tomé un taxi para llegar rápidamente al apartamento y empecé a sentir nauseas, como ganas de vomitar y eso que no había comido nada desde el almuerzo. Me bajé del taxi, no sé ni cuánto dinero le di al chofer, no lo recuerdo. Perdí la conciencia. Me sentía bien, increíblemente relajada, feliz y estaba de muy buen humor. Subí las escaleras lentamente, me costó subir porque sentía que había gente que me miraba y ellos eran perturbadores. Había muchos y hablaban al mismo tiempo, creo que duré varias horas en subir o no lo sé, el tiempo fue más lento, casi que podía sentir cada segundo alargarse al extremo. Veía cosas, escuchaba la música que ponía mi padre en las noches, cuando eran cerca de las diez de la noche y me tomaba del cabello para arrastrarme a la habitación, luego me golpeaba en el rostro o algo para que me quedara quieta y así procedía luego a violarme. Recuerdo claramente esa música y no sé por qué tenía que escucharla de nuevo, eran canciones clásicas que lo relajaban. Llegué al pasillo que me lleva a mi apartamento, pero no sé qué sucedió después. Es lo último que recuerdo. Me levanté en mi cama, bocabajo. Tenía mareo, dolor de cabeza y fiebre. También mucho frío. Miré en la mesita el reloj despertador, eran las once de la mañana. No suelo levantarme tan tarde. Giré para ponerme bocarriba y vi a mi lado a alguien y me asusté tanto que caí en el suelo. Era Dante, ¿cómo había llegado hasta aquí? - Oye, ¿por qué tanto escandalo? – Dijo él adormilado, con el cabello en su rostro despeinado. - ¿Qué haces aquí? – Le dije mientras me levantaba y noté que estaba en ropa interior. Corrí para buscar algo con qué taparme, ¿qué había sucedido anoche? –Salte ya de aquí. - ¡Oye tú! ¡No pienses que te hice algo! – Me dijo cuando regresé con un camisón puesto. - Maldición, tú y yo… ya sabes, anoche… ¿lo hicimos? – Mi voz sonaba nerviosa. - No, tranquila. Te encontré tirada cerca a tu puerta, hablabas incoherencias y eras incapaz de levantarte. Pensé que estabas ebria. Cogí las llaves que tenías en tu bolso y abrí tu puerta. Te cargué hasta acá y luego no pude dejarte sola. Te veías muy mal, no estabas ebria. ¿Qué te metiste? No sabía que consumías. - No lo hago, ayer fue la primera y última vez. - Ahora que ya estás despierta… - Me dijo y se levantó de la cama, se acercó a mí. Tenía puesto unos jeans, un suéter púrpura y calcetas, vi sus tenis en el piso. Me puse nerviosa, se veía muy lindo. – Quería disculparme contigo, no debí decirte eso la vez pasada, no pienso eso de ti. Es que estaba, un poco… ya sabes y cuando estoy en ese estado me vuelvo otra persona. Estoy tratando de dejarlo. Discúlpame, no creo que seas así. - Pero que no vuelva a… - Me interrumpió. - No volveré a decirte algo así, lo prometo. - Está bien Dante. Gracias por cuidarme. - Para eso estamos. – Me dijo y sonrió. En verdad Dante era tan precioso que me frustraba, era difícil dejar de mirarlo. ¿Cómo podía verse de esa manera? Me sonrojé al verlo sonreír y miré hacia otro lado intentando disimular. Fue muy dulce al cuidarme, no pensé que haría eso por mí después de lo que me dijo antes. - ¿Quieres desayunar? Cocinaré algo y de paso así te agradezco que... – Me caí en el suelo, creo que me desmayé unos segundos. ¿Qué fue lo que consumí? Debo ser más responsable. Veía todo n***o y las náuseas eran cada vez más fuertes. Unos segundos después pude ver de nuevo. Dante estaba encima de mi intentando despertarme. - Oye, Belén. ¿Ya estás bien? Creo que debemos ir al hospital, no te ves bien, estás temblando. – Me dijo y me ayudó a levantarme, me llevó de nuevo a la cama y me cubrió con una sábana. – Esto que te pasa es porque tu cuerpo no está acostumbrado a consumir ese tipo de sustancias, no lo vuelvas a hacer. -No lo haré. – Me miró y sonrió, se acercó a la cocina y se detuvo en uno de los muchos portarretratos que tenía. - ¿Quién es este niño gordo que tienes por todos lados? - Es Gael, quién era mi mejor amigo de niña. Se fue lejos y es por eso que… - Te entiendo, lo extrañas. Te haré algo de comer. - Gracias. – Le dije y me quedé mirándolo mientras cocinaba. Si él seguía actuando de esa manera, no quiero ni imaginar cómo podría llegar a verlo. 
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