4.

1922 Palabras
Malas impresiones Era jueves y para este día, acostumbraba a ver una película con Jero, es mi mejor amigo y lo quiero muchísimo. El tiene diecisiete años, es de mi estatura, delgado, bastante delgado, tiene el cabello castaño oscuro y cejas pobladas, es gay declarado, pero es bastante tímido, por eso nunca ha salido con nadie. Terminó viviendo aquí porque sus papás, quienes eran nómadas y poco estables, se marchaban mucho y no le dejaban lo suficiente para alimentarse, sí es que se acordaban ese mes de hacerlo. Se fueron la última vez hace dos años y nunca volvieron.  Terminó pidiendo dinero en los semáforos y mi padre se lo cruzó en su mercedes, le ofreció trabajo. Usualmente sugiero ver una película psicológica de esas que te ponen a pensar, pero él siempre quiere ver una de esas películas cursis que me hacen querer cortarme las venas o arrancarme la piel, ¿Qué gracia le ven a ver morir a alguien de cáncer dejando totalmente solo a su pareja? ¿o ver a dos personas que “se aman” hasta más allá del cielo y de todas las dimensiones? Eso es demasiado molesto para mí porque esto es algo que todos vivimos en cualquier etapa de la vida, ¿Por qué me interesaría ver como se enamoraron otras personas? Es algo normal, una necesidad, así como el hambre o ¿por qué no ven una película completa sobre el hambre, sus etapas y todo? ¿o una película entera sobre defecar? De esta forma lo veo. Puse a cargar una película en la tv. Mr Nobody, gané esta vez. Esa es mi película favorita en todo el mundo, la he visto nueve veces exactamente y aunque tiene escenas románticas, pone a reflexionar y es que de eso se trata todo. Me puse un vestido amarillo, largo hasta la rodilla y agarré las llaves para salir. Siempre me preguntan: ¿por qué te pones algo así con este calor? Sencillamente porque si me pongo unos shorts y una blusa, todos notaran afuera que luzco como una puta porque tengo unos enormes bultos como senos y trasero, así que quiero evitar que me griten cosas feas o peor aún, que alguien me siga para hacerme algo. Salí, estaba asegurando la puerta cuando sentí que alguien cerraba la puerta de atrás. Era Dante. Me puse nerviosa sin motivo y mis manos empezaron a sudar. Llevaba puesto unos jeans y una camiseta sencilla. Me miró y enseguida miró para otro lugar, como queriendo evitarme. Quería hablarle, no podía dejar pasar esa oportunidad, pero tenía muchos nervios y vergüenza. Respiré hondo y caminé detrás de él. -Hola. -Le dije y sonreí cuando volteó a verme. El me miró y volteó hacia los lados como para ver si le hablaba a alguien más. -Hola. -Respondió serio y frunciendo el ceño. - ¿Necesitas algo? -Cómo eres mi vecino… - Vacilé nerviosa. – Pensé que debería conocerte, ya sabes. Por si sucede algo. -No es necesario. -Respondió y miró hacia otro lugar, me sentí muy avergonzada. Él no quería hablarme. -Bueno… - Dije y bajé la mirada, mis manos sudaban. -Es broma, ¿Cómo te llamas? -Dijo sonriendo. Suspiré aliviada. -Belén y ¿Tú? – Pregunté fingiendo no saber su nombre. -Dante, es un gusto chica de melena rubia. – Sonrió e hizo el gesto de reverencia y por un momento sentí que me derretía. Por dios, si sigue sonriendo de esa manera voy a tener un paro cardiaco en medio de este sucio pasillo. Reí con ganas. - ¿Vas bajando? - Sí, voy a ver que consigo para comer. En estos últimos cinco días solo he comido papás fritas y dos cajas de jugo. Por cierto, estas cosas ya estaban en el apartamento cuando llegué. - ¡Eso puede llevar meses ahí! ¡O te puedes pegar el sida! -Nena, el sida se pega de otro modo un poco más, morboso. No por comer cosas viejas. Puede que mañana despierte con gangrena en el estómago y me tendrán que amputar el torso entero. Eso sería estupendo. -Dijo y ambos reímos. - ¿Qué harás abajo? -Alquilaré una película, la veré con Jero. - ¿Tu novio? – Preguntó mientras caminábamos. -No, es mi mejor amigo. Bajamos hasta el primer nivel. No pensé que Dante sería tan agradable, me hacía reír en todo momento. En la acera, un auto se estacionó. Era el de mi padre. Venía vestido impecable como siempre. Llevaba un pantalón azul claro hecho a la medida, acompañado de una camisa blanca, zapatos color mostaza y anteojos. ¿Por qué le gustaba ser siempre el centro de atención? Caminó hacia nosotros y noté enseguida como nos miró, sentí su incomodidad al verme junto a Dante. -Hola pequeña. – Me dijo y me besó en la mejilla. Miró muy serio a Dante, tanto que me avergoncé. No me gustaba tener tanta cercanía con él, lo odiaba, pero trabajaba en su club, de esto vivía y me tocaba aguantarme mientras siguiera trabajando ahí– No sabía que ya se conocían. -Nos conocemos apenas. – Respondí. - Ven, te llevaré a almorzar. -Me dijo. - No tengo hambre. -Le dije y el no paraba de mirarlo de esa manera, Dante lo notó y pude ver en sus ojos la incomodidad, ¿por qué mi padre siempre me hacía esto? - Si estoy interrumpiendo algo, mejor me voy. No me gusta causar problemas a las parejas. – Dijo Dante y estallé en risas. -No, él es mi papá. Tonto. -Abrió los ojos como platos, sé que se había quedado anonadado al escuchar eso, todos reaccionan siempre así. - Es imposible. -Afirmó. -Sí, soy su papá. Y disculpa, nos vamos. -Dijo y me arrastró hasta el auto. Casi que me subió a la fuerza. - ¡Ve a mi apartamento a las nueve, mira la película conmigo! - Le grité a Dante por la ventana del auto mientras este se movía. Él sonrió como respuesta. Me llevó hasta un restaurante muy elegante que quedaba en el norte de la ciudad. No me bajé del auto, ya sabía que me haría regresarme porque me daría algún regalo o algo. – Mira, te compré esto. Se ve muy bien con tu vestido. – Era un collar dorado, era precioso. -Gracias papá. -Te lo pondré. – No podía dejar que hiciera eso, estaría demasiado cerca de mí y podría aprovecharse. - Tranquilo, yo puedo hacerlo. - Dije tratando de disimular. -Yo te lo pondré. – Dijo y se acercó para ponérmelo. Qué situación más incómoda. Levanté mi cabello con ambas manos mientras él me ponía el collar. Podía sentir su respiración en mi cuello, su rostro estaba muy cerca al mío. Que no demore tanto, por dios. Parecía que el tiempo no pasara, era una eternidad. Mis piernas temblaban y no podía dejar de mirar de un lado a otro. -Listo – Dijo y se alejó. Más tarde comimos. A pesar de su enfermiza obsesión conmigo, mi padre era una persona muy agradable, era conversador y muy educado. La pasé bien con el mientras almorzamos, pero como siempre, el termina dañando todo. Me llevó de nuevo al edificio e insistió mucho en acompañarme hasta el apartamento. Entró, reparó todos los lugares. -Cambiaré todos tus muebles, estos son espantosos. Necesitas lo mejor, princesa. -No es necesario. -Sí lo es. – Dijo y anotó en su teléfono todo lo que quería cambiar. Pasaron unos minutos. – Debo irme, me llaman del trabajo. Te espero mañana en el club. -Está bien. – Sonrió y se acercó para despedirse. Me abrazó y luego me besó en los labios. Me enojé, ya le he había dicho tantas veces que no volviera a hacer eso y no hay forma. - ¡Suéltame! ¡No hagas más eso por dios! Es enfermizo. -Le grité y lo saqué a la fuerza, no quería irse, pero logré hacer que se fuera. ¿No podía librarme de el nunca? Más tarde esa noche, estaba muy emocionada. Dante iría a mi departamento y estaría con nosotros, espero poder hablar más con él, realmente me interesa conocerlo y saber más de él. Llegó Jero, trajo muchas cervezas y una gran botella de whisky. El como siempre haciéndome beber. Fuimos hasta la sala y nos acomodamos. -Invité a Dante a venir. – Dije sonriendo, victoriosa. - ¿En serio? ¿Tú? Pero si tú eres tan tímida niñita, ¿Cómo hiciste? -Dijo riéndose de mí. -No sé, solo se me dio por hacerlo. Nos quedamos hablando un rato, me divertía mucho con él. Sin duda era la persona más agradable que conocía y me encantaba estar con el. -¿Será que no vendrá tu nuevo novio? – Dijo para hacerme molestar. Pasaron los minutos, ya eran mucho más de las nueve y él no llegaba. ¿Será que se le olvidó o tuvo algún percance? Estaba muy impaciente, solo quería que el viniera. Lo esperamos así mucho tiempo, entonces Jero puso la película, el ya no vendría. Solo espero que esté bien. A la mañana siguiente, me levanté temprano porque debía ir a comprar nuevos tacones, los anteriores estaban algo desgastados y ya era hora de cambiarlos. De igual forma solo eran para el club y nadie importante los iba a ver. Bajé por las escaleras, no teníamos ascensor ya que el edificio es bastante viejo. A lo lejos en la otra acera vi a Dante, estaba afuera de un restaurante chino hablando con un par de hombres, no tenían muy buena pinta. Son de ese tipo de personas que con solo verlas te sientes extraño, como si fueran a apuñalarte sin motivo. Quería preguntarle si le pasó algo anoche e invitarlo de nuevo a algo, pero me daba vergüenza. Tal vez solo lo salude. Lo esperé ahí de pie a que cruzara a la entrada del edificio. Vi que se acercaba, caminaba extraño, como si estuviera nervioso o temblando. Cuando llegó, me miró como si no quisiera haberme visto. -Belén…- No mantenía contacto visual, miraba hacia los lados como si quisiera irse. Parecía que lo estuvieran persiguiendo. -Dante, ¿estás bien? -Sí, debo subir. Qué estés bien. -Me dijo y caminó para irse, pero lo llamé antes. - ¡Dante espera! -Sí, dime. - ¿Te pasó algo anoche? Te estuve esperando, pero no apareciste. Pensé que te había pasado algo malo. -No, estoy bien. Solo es que… mira, se ve que eres agradable pero no me interesa en lo absoluto entablar algún tipo de amistad o algo así contigo. -Me dijo y sentí un nudo en la garganta, mi rostro quemaba ¿Por qué decía eso? - ¿Por qué? -Pregunté dudosa, insegura como siempre. - Es que se te ve de lejos la pinta de puta y eso es muy desagradable. Lo siento. -Dijo y subió dejándome atrás. Me sentí muy mal, nunca me lo habían dicho de esa manera y la verdad es que no podía defenderme, cualquiera en su sano juicio se daría cuenta de que soy una puta. Sé que no me acuesto con nadie, pero de igual forma lo que hago está mal y no puedo dejarlo, no sabría que más hacer, no tengo estudios, no soy mayor de edad ni he hecho nada más con mi vida y si lo dejo, me tocaría volver a vivir con mi padre mientras termino de estudiar y él se aprovecharía de mi de nuevo y no quiero esa basura de nuevo en mi vida.
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