3.

2133 Palabras
 Dante Por lo general las jornadas son bastante duras y extensas los fines de semana (viernes, sábado, domingo y festivos), entro a trabajar a las diez, salgo casi a las cinco de la mañana. Me lleva Jerónimo, el conductor del club y mi mejor amigo, tiene mi misma edad. Él nos lleva en una van a las chicas del club. Ellas viven también en el mismo edificio.  Tiene tres niveles. En el primero está el portero, las señoras de la limpieza y jerónimo. En el segundo están los putos. Angie, Magdalena (putas, strippers, lo que venga), Casandra que es transexual (puta de las buenas y mi amiga), Guillermo y Andrés (putos profesionales, preferiblemente se acuestan con hombres). Ellos me detestan porque no vivo en el mismo piso que ellos, yo estoy en el tercero que es un poco más acomodado que los demás, pero no mucho, de igual forma todos son horribles. En el tercero vivimos Santiago (inquilino normal, muy joven), Oscar (Diseñador gráfico), Dante y yo. Dante era el nuevo, llevaba un par de días viviendo aquí. Si creía que había sufrido toda mi infancia, lo que me esperaba con él me definiría como persona, como mujer y como lo que soy ahora, y sí, es cierto que sufrí como jamás lo había hecho desde que el apareció, pero igual, no cambiaría nada de lo que sucedió porque eso me hizo ser lo que soy ahora. Apenas vi que pasó por el pasillo con su pequeña maleta supe que nada volvería a ser igual. Ya tenía establecida una rutina diaria. De lunes a viernes me levantaba temprano por las mañanas, me preparaba el desayuno y hacía un poco de ejercicio con unas viejas máquinas que hay en el primer piso. Luego estudiaba, estudiaba mucho porque me gustaba, amaba leer y aprender cosas nuevas. Últimamente me estaban doliendo los senos. Era por las prótesis que tenía. Mi padre me había pagado las tres operaciones a los quince años, me hizo ponerme unas prótesis en el pecho no tan exageradas, pero si notables, en el trasero también pero no se veía del todo falso porque esa le mentí a la cirujana y pedí dos tallas menos, y me hizo afinarme más la cintura sacándome un par de costillas, esto dolió demasiado. Odié operarme, me gustaba como me veía antes y me da demasiada rabia recordar cómo me dejé hacer todas estas cosas, como no tuve un carácter lo suficientemente fuerte como para dejar de ser una maldita cobarde y haberle puesto freno a él, a todo lo malo en mi vida. Era lunes por la tarde, llevaba la ropa a lavar al primer piso cuando vi que venía por el pasillo Jerónimo, mi mejor amigo, junto a un chico que no había visto antes. Este traía una pequeña maleta y nada más. Era alto, delgado, piel blanca. Tenía un abundante cabello claro con ondas, cejas gruesas y nariz respingada. Tenía los rasgos perfectos, como si hubiera sido hecho a mano y aparte tenía unos ojos de un tono verde profundo, jamás había visto a un chico así, sin imperfección alguna, era tan bello que me daba vergüenza mirarlo, su sola presencia me intimidaba. Llevaba puesta una sudadera azul oscura algo desgastada al igual que sus jeans y converse. Iba serio, cuando pasé a su lado me miró de reojo, pero enseguida desvió la mirada. -Este es tu departamento, Dante. -Le dijo Jerónimo. Dante, que nombre más curioso, justo como el poeta italiano que escribió la divina comedia. Entró al departamento y cerró la puerta. Me había quedado casi que paralizada al verlo. -Parpadea niñita. - Me dijo Jerónimo entre risas, él era la única persona cercana a mí. –Es perfecto, ¿no es así? Y justo vive en frente de ti. Se vería muy bien junto a ti. -No digas tonterías. –Respondí riendo. Les contaré la historia de Dante. Es el menor de tres hermanos, todos varones. Su madre era alcohólica y su padre era policía, así que nunca estaba en casa y les prestaba poca atención a sus hijos. Cuando tenía cinco años, su hermano mayor se casó con su compañera de clases y se mudó a Bogotá. Dos años después su otro hermano salió becado y se fue a estudiar a Alemania, ese fue el mismo año en que sus padres se divorciaron. Quedó a cargo de su madre quien ganaba muy poco y a duras penas se acordaba de alimentarlo, así improvisando aprendió a alimentarse desde pequeño, con cualquier cosa. Hasta que el día de su décimo cumpleaños, encontró a su madre tirada en la cocina, se había intoxicado con licor barato. Los vecinos llamaron a la policía y el servicio social se lo llevó a un lugar de acogidas, el primero de tantos en los que estuvo. No supo adaptarse, le molestaban todos los niños que lo rodeaban. Él era algo complicado y no le gustaba estar entre multitudes de gente, lógico, no estaba acostumbrado a eso. Tenía peleas diarias con los demás chicos por cualquier cosa y casi todas las iniciaba el. Una vez golpeó a un chico dos años mayor que el porque lo llamó cara de filete y así era todos los días, nadie se acercaba a él por su actitud e incluso llegaron a temerle. Esto en específico le gustó y así empezó a tener el control sobre ellos, le daba aires de superioridad entre todos, pero con el transcurrir de los años, le iba viendo cada vez menos sentido a estar viviendo de esa manera así que aceptó cuando le ofrecieron ir a un hogar de acogida, una familia lo iba a recibir. Tenía quince años cuando se mudó con una pareja algo mayor y su hija Luciana de diecisiete años que vivía en Ibagué por sus estudios y pronto llegaría a vivir con ellos. Tenían una casa muy bonita en riomar, vivían acomodados y le daban todo lo que un chico de su edad desearía tener, pero eso no le gustaba a Dante, no le agradaba la idea de que unos extraños lo estuvieran manteniendo, odiaba tener esa sensación y todo el tiempo estaba pensando en eso, así mismo empezó a buscar maneras para generar ingresos, cosa que le era muy difícil por su corta edad. Empezó a lavar autos en un taller, así al menos ganaba algo y no se sentía como un inútil, lo hacía en las tardes cuando salía de la escuela. Hubo un viernes en la noche en que llegó a su casa, escuchó muchos ruidos y vio a la pareja celebrando, al fin había llegado Luciana para estar las vacaciones en casa. Se maravilló al verla, tan pura, tan bella, sus ojos se querían salir de orbita mientras la observaba. Así con las semanas se fue dando una muy buena relación entre ellos, lo hacían todo juntos. Iban a cine, al parque, a comer o a la playa. Parecían ser los mejores amigos, aunque él no lo veía de esa manera, le gustaba mucho Luciana y quería que lo viera de la misma manera en que el la veía. Así que empezó a generar más confianza entre ellos con pequeñas cosas.  Cuando iban al centro comercial que era a unas pocas calles, aprovechaba y la tomaba de la mano, ella nunca puso objeción a esto, al contrario, parecía gustarle. También la abrazaba y le decía cosas tiernas cuando estaban en un lugar aparte. Hubo una noche en que la pareja viajó a Santander por el fin de semana, confiaban plenamente en sus hijos, por eso no vieron problema alguno en dejarlos solos. Dante puso una película en el DVD de la sala e invitó a Luciana a verla con él. Se sentaron en el sofá y unos minutos después el aprovechó que ella se encontraba cerca y la besó. Así fue como inició su romance. Se besaban cada vez que podían a escondidas de los padres, en la habitación de ella, en la de él, en la cocina, afuera de la casa o en el parque. No tardaron ni un mes en tener relaciones sexuales, algo muy imprudente debido a su corta edad, pero para él era genial, algo nuevo y prohibido, y no quería que de ninguna manera que eso acabara.  Dante le compraba muchas cosas con lo que ganaba, una vez le regaló un oso gigante, en otra ocasión le dio una cadena y un anillo. Se había enamorado de ella por completo. A finales de año, después de que Dante llevara nueve meses viviendo con ellos, hicieron una gran fiesta por el cumpleaños de Luciana, ella regresó de Ibagué justo para esto aunque ahora regresaba con bastante frecuencia para ver a . Al fin cumpliría dieciocho años, eso le incomodaba un poco a Dante porque él tenía apenas quince años, esperaba que eso no le molestara a ella. Hicieron la fiesta en un salón privado del hotel puerta del sol e invitaron a muchas personas, incluso compañeros de la universidad de ella, viajaron para la fiesta. Se vistió elegante y fue, ansioso por ver como resultaba todo para su novia. Habló muy poco con ella durante la fiesta porque ella se la pasó todo el tiempo bebiendo con sus amigos, pero el trató de no darle mucha importancia, algo difícil porque era bastante celoso. Cerca de las dos de la mañana las personas empezaron a marcharse y él no la veía por ninguna parte. Bajó al primer piso para ver si la encontraba, pero no la vio. Entonces entró en el parqueadero a ver si ella estaba en el auto por algún motivo. Lo que vio lo dejó paralizado. Luciana estaba en el asiento trasero del auto besándose con uno de sus compañeros, el la tocaba por todas partes. Dante enfurecido, abrió la puerta del auto y lo bajó a la fuerza a él, se le aventó encima y le empezó a dar muchos golpes, uno tras uno sin detenerse. - ¡Detente! ¡Déjalo en paz idiota! -Le gritó Luciana. - ¿¡Qué hacías acostándote con el si eres mi novia!? -Gritó enfurecido. - ¿Tu novia? ¿estás loco? Jamás seria novia de un niñato como tú. Eres un iluso por pensar eso. - ¡Pero te acostabas conmigo! ¿entonces que se suponía que éramos? - ¡Se ve que no sabes nada ni conoces el mundo! ¡Solo quería sexo y justo eso me diste! ¡No quería nada más! - ¡Eres una puta, eso es lo que eres! - Gritó y se fue enfurecido a casa. Nada volvió a ser como antes. Sus padres no se enteraron de lo ocurrido. Luciana regresó a Ibagué cuando iniciaron las clases de la universidad, pero Dante se quería volver loco. Andaba deprimido y lloraba todo el tiempo, le habían roto el corazón de la peor manera. Este sentimiento se convirtió en odio, andaba furioso con la pareja, con sus compañeros, con la vida, con el mismo y más con Luciana. ¿Cómo pudo jugar con el de esa manera? Todo parecía tan real… Así cuando cumplió dieciséis años se fugó de la casa, solo se llevó una maleta y el dinero que había ahorrado. Empezó a vivir en un albergue, luego en un parque cuando salió de pelea con uno de los inquilinos. Trabajaba en cualquier cosa, lo que surgiera. Limpiando baños, calles, bares, lo que fuera. Estaba deprimido, aun la recordaba y se llenaba de rabia. Uno de los tipos de la calle con los que dormía en el parque le dio a probar cocaína para más tarde darle marihuana y luego metanfetaminas. Esta fue su perdición, todo lo que ganaba se le iba comprando cada vez más dosis de este veneno, sabiendo el daño que se hacía, pero no podía evitarlo, esta lo controlaba y le exigía cada vez más cantidades peligrosas para su cuerpo, aunque no solo era adicto a esta sino también a la cocaína, aunque no en la misma intensidad. Maldita seas, Luciana. Mira en lo que me convertiste, pensó una noche que estuvo en el hospital por una intoxicación severa. Así transcurrieron dos años desde que la vio por última vez. Las calles ahora eran su hogar y la desesperación su compañía. Desesperación por pensar en cómo conseguiría sobrevivir esa noche, si conseguiría el dinero suficiente para poder comprar una dosis y siquiera alcanzar a comer algo. Después conoció a mi padre, también dueño de un billar del centro, lo conoció cuando estaba comprando un almuerzo y el, le ofreció trabajo, limpiando su negocio. El sin duda aceptó e incluso mi padre, al ver su deplorable estado, le ofreció vivir en uno de los apartamentos de su edificio, en frente del mío. Esa es su historia hasta antes de llegar a vivir aquí. 
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