En ese momento tocan la puerta, levantó la vista.
—¡Adelante! — demandó una mueca de disgusto.
—Permiso cuñado, podemos hablar, —entró una afligida Courney.
—¿Dónde está Rebeca? ¿Por qué no te anunció? —gritó con su mirada sombría.
—La vi entrar al baño, espero que no te moleste mi atrevimiento de estar aquí en tu oficina —contesto con un tono delicado.
—¿Dime que quieres?
—No sé cómo decirte esto cuñado —se aproximó a su escritorio y se sentó frente a él.
—ya que estás aquí, habla de una vez.
—Quería decirte que mi hermana no es la niña buena que le hace creer a todos con su vestimenta.
—¡Courney! Si vienes a hablar mal de tu hermana, te pido que te retires de mi oficina, estoy ocupado.
—Cuñado, no me trates así, para que veas que no te estoy mintiendo, estas fotos me las dio unos de sus amantes —le extiende un sobre que traía en la mano.
Kyle tomó el sobre con una mano, se recostó de su silla, sacó el contenido, empezó a verlas una por una, mientras una furia iba creciendo en su interior.
—¿Cómo obtuviste estas fotos?
Como si estuviera llorando, Courney suelta.
—Uno de los jóvenes que aparecen en las fotos me propuso que me acueste con él, le dije: ¡que no! ¡Soy una chica decente! Él se río en mi cara y me dijo que soy una zorra igual que mi hermana, le grite que no hablara mal de ella —hace una pausa para disimular que se está limpiando la cara—. Fue cuando me dio esas fotos, al principio no lo podía creer, pero después de tanto pensar, decidí mostrártelas, como su esposo debes saber quién es mi hermana, también para estar al tanto que hay unas fotos de ellas por allí.
—Gracias por la información, te puedes retirar.
—Espero que no tomes represalias contra mi hermana, me sentiría culpable de ser el motivo de discordia entre ustedes, te cuento esto es para que veas que no todas somos como ella— comenta con tristeza.
—¡Ok! ¡Retírate! —responde tajante, mientras veía las fotos de su esposa con dos tipos en la cama.
Courney sale de la oficina triunfante, hace un mes que su hermana se casó y no ha tenido noticias desfavorables de ella, al contrario, una conocida le contó que la ha visto de lo más tranquila en la universidad, decidió mostrarle las fotos a su cuñado para que la lance a la calle como una basura y ella poder acercarse a él, suspiraba mientras caminaba hacia el ascensor, susurro con voz baja sin que nadie escuchara
—si tan solo me dieras una oportunidad de acercarme cuñado, te demostraría que soy más mujer que mi hermana y esa tal Catrina, como las odio.
Kyle no podía creer el descaro de esa mujer, las fotos aumentaron sus sospechas de los amantes, al pensar que su esposa, que lo estaba engañando, se puso furioso, no porque la amara sino por orgullo.
Apago el computador, agarró su portafolio y salió hecho un demonio a pasos acelerados de la oficina.
Al llegar a la casa se dirigió a buscar a Emilia.
—Emilia, ¿Dónde está mi esposa?
—Mi niño todavía no ha llegado.
—ok.
Kyle con soberbia se fue a su despacho, se dirigió al pequeño bar que tenía allí y se sirvió un vaso de whisky seco.
Estaba pendiente de la hora y cuando su esposa llegara.
Lindsey estaba súper emocionada porque habían aprobado todas las materias con honores y pronto recibiría su título de diseñadora de moda.
Ella llegó a la casa como siempre, va directo a su habitación emocionada y me metió en la ducha.
Kyle no sintió cuando ella llegó a casa, con los ojos inyectados de rabia, no comprende ¿Por qué esa insignificante mujer se atreve a engañarlo? Se tomó la última gota de whisky que quedaba en la botella y salió de la oficina directo a su habitación.
Cuando estaba a punto de entrar a su habitación se giró, dio unos escasos pasos y giro la manilla bruscamente, en el momento que Lindsey salió del baño solo con un paño.
Lindsey al escuchar la puerta pensó que era Emilia, salió colocándose en su cuerpo una toalla, al ver a Kyle parado en la puerta con una mirada sombría, su corazón se contrae, los nervios se apoderaron de ella a tal magnitud que está casi temblando, toma fuerza y corre hacia la mesa para agarrar los lentes, pero él fue más rápido que ella y la sostiene por una mano arrastrándola hacia la pared. Luego con su mano le agarró las dos manos de ella y se las colocó por encima de su cabeza y la otra mano la posiciono en su cuello. Por unos segundos se queda cautivado por esos hermosos ojos grises verdosos que hacen juego con sus pestañas alargadas para dar forma con su angelical rostro, se sacude la cabeza de un lado a otro, para vociferar:
—Maldita, ¿Cómo te atreves a burlarte de mí?, sales todas las semanas, incluido los fines de semana a encontrarte con tus amantes —le quitó la mano del cuello y se la metió en el bolsillo de su chaqueta, sacó una libreta y una tarjeta negra, se la aventó en la cama—. Allí tienes tu nueva cuenta bancaria con una suma de dinero para tus gastos y una tarjeta de crédito que puedes usar como quieras, pero de la casa no sales a menos que sea con Emilia.
Lindsey sitio como si le estuvieran aventando un balde de agua fría, no podía creer lo cruel que puede ser la vida, primero su familia y ahora este hombre que la desprecia.
«Aquí está el de nuevo insultándome, me roba mi primer beso con sinfín de emociones, era lo más bonito que había sentido en mucho tiempo y luego aparece tratándome como lo peor», tenía ganas de llorar, pero no se iba a permitir derramar ni una lágrima, exhaló varias veces, sentía como si le faltara el aire, tomo valor de donde no los tenía y manifestó.
—¿Por qué seas mi esposo no te da derecho a someterme? ¿Crees que quiero tu dinero? ¡Te equivocas! No puedes prohibirme salir de esta casa.
Kyle suelta una carcajada y con ironía escupe.
—Deja el disfraz de niña buena que no te queda, deberías de tener más cuidados y no dejar que te tomen fotos.
—¿Qué estás diciendo? ¿Qué hombres?
Kyle metió la mano en el otro bolsillo de la chaqueta y poso las fotos en la cara de Lindsey.
—¿Como me explicas esto?
Pasmada por lo que miraba, al no saber qué eran esas fotos o como fueron tomadas, ella no ha estado con nadie, se asoma en su mente el día del evento, tartamudeando susurro.
— yo… yo… no sé de esas fotos, ¿quién te las dio?
—Eres una cínica, me vas a decir que no eres tú.
—Te pregunte ¿quién te las dio?
—¡Tu hermana! A ella la están chantajeando por andar tú de zorra.
Lindsey no podía creer como su hermana fue capaz de llegar tan bajo para desprestigiarla.