Capítulo 8

1304 Palabras
Lindsey llegó a la mansión como de costumbre, cuando estaba dando unos pasos en la punta de las escaleras escuchó una voz intimidante. —¿Dónde estabas? Lindsey pone los ojos en blanco y volteo para mirarlo—. ¡Buenas noches, Kyle! ¿Cómo estás? —Para ti soy el señor de la casa, debes dirigirte a mí, como señor Kyle. A Lindsey no le gusto como él le estaba hablando, su mirada oscura la asustó, sintió miedo de ser maltratada nuevamente, sus manos empezaron a sudar, las une para agarrar fuerza, estaba cansada de ser pisoteada. «Así no salga viva de esa casa, no voy a dejar que nadie más siga humillándome» levantó las cejas y con voz irónica respondió. —Discúlpeme su majestad, como mi esposo, aunque sea por un papel, no veo la necesidad de tanto formalismo. —¡Cállate! —gritó al escuchar su tono sarcástico y la mirada retadora de la joven. —¡A mí no me gritas! ¡Que no somos animales! ¡Somos dos personas civilizadas! —¿Quiero que expliques por qué llegas a esta hora a la casa?, se supone que una mujer casada, debe dedicarse a su hogar, pensé que eras una mujer de buena familia. Cómo es posible que al otro día de casada, sale en la mañana y llega en la noche, no me importa si tiene un amante, lo me enfurece es que no tengas vergüenza, ¿qué crees que dirán los medios de comunicación cuando se enteren de que la esposa del presidente de las empresas Pratt se acuesta con otros hombres? Lindsey engrandeció sus hermosos ojos grises, estaba asombrada por lo que escuchaba, hasta amante tenía, con una mirada desafiante y voz firme comentó. —¡Querido esposo! ¡Ahora si estás interesado en lo que hago!, te cuento que yo trabajo y lo del amante si lo tengo a no creo que no haya problema, porque si tú mantienes tus amiguitas en secreto, yo también podré hacer lo mismo. Kyle la mira fijamente, no esperaba esa respuesta, al verla en el registro tan tímida, pensó que era una chica sumisa, no una retadora y altanera, se acercó a ella para quedar frente a frente, con los dientes apretando vociferó. —¿Quién te crees para hablarme así?, desde mañana te quedarás en la casa, ¿quieres dinero?, mañana te entregaré un número de cuenta bancaria, donde se te deposita constantemente una suma de dinero y una tarjeta de crédito ilimitada a tu nombre. —No será necesario el dinero y la tarjeta, me gusta valerme por mis propios recursos y no me voy a quedar encerrada en esta casa. —Te vas a quedar porque te lo ordeno, no vas a salir a revolcarte con tu amante y mi nombre no se verá envuelto en un escándalo. Lindsey se sintió humillada por el insulto de ese hombre, sin pensarlo levantó una mano para meterle una cachetada, él se la agarró en el acto y trato de jalarla, pero eso hizo se fuera para otra, Kyle al ver ese movimiento con la otra mano la agarró por la cintura atrayéndola a pocos milímetros de él, verla encrespada le produjo una ganas de reír no sabe ¿por qué esa chiquita le produce ese sentimiento?, su boca expresa una sonrisa y en sus ojos azulados aparecieron un brillo de serenidad. —Suéltame imbécil, ¿Por qué te ríes? ¿Acaso tengo cara de payasa?. Él suelta una carcajada, la forma como ella dijo esas palabras le pareció gracioso. —¿Con esa vestimenta, claro que lo eres? Ella se alteró y trató de zafarse, pero la reacción de él, la dejó confundida. Kyle la sostiene fuertemente al ver como ella se movía, su reacción fue besarla, pego sus labios a los de ella, los sintió suaves y carnosos, los saboreo con intensidad por unos segundos. Lindsey trato de empujarlo, pero sus instintos no se lo permitieron, cerró los ojos al percibir las sensaciones de ese beso que la dejaban cada vez más sin aliento. Kyle sintió una pequeña corriente recorrer su cuerpo, eso lo asustó y la soltó de inmediato para gritarle. —¡Desaparece de mi vista! Ella se sobresaltó con el grito, emitiendo un pequeño gemido, avergonzada por su reacción, dio media vuelta y subió las escaleras rápidamente, se lanzó en la casa, molesta, gruño. —Ese hombre se aprovechó de mí, me beso sin mi permiso —se sonrojó al recordar que ella había correspondido a ese beso. A sus 19 años era su primer beso, por su vestimenta muy pocos chicos se acercaban a ella, a ella no le importaba porque en su mente solo estaba la idea de liberarse de las personas que la maltrataban y hacían sentir poca cosa. Sin poder dormir, en su inocencia sonrió, su mente repasaba. —Es guapo, aunque es un maldito déspota, no puedo negar es sensualmente atractivo y sexy —movió la cabeza de un lado a lado—. No seas tonta, un hombre como él no crearía sentimientos hacia ti. Kyle se fue a su despacho y se sirvió un vaso de whisky, se lo tomó de un solo trago, mientras se preguntaba. «¿Por qué la besaste? ¿Por qué tiene que ser contestona? Ese cuento del trabajo no me lo creo, voy a descubrir que hace los fines de semana o con quien me engaña» Para despejar su enojo se instala a revisar unos documentos, estaba terriblemente confundido, se decía a sí mismo, «ella debe ser obediente, su deber es pasar el tiempo en su habitación y no causar problemas en los 10 meses restantes de convivencia» Al día siguiente Lindsey se levantó, había soñado toda la noche con aquel beso, sentía nervios en el estómago, animada bajó a desayunar, no entendía porque pero deseaba verlo. —¡Emilia! ¿Kyle ya desayuno? —indago un poco insegura. —si mi niña, Kyle ya se marchó al trabajo. Haciendo pucheros termina de desayunar, agarra sus cosas y sale al taller. Cuando Lindsey se casó, Courney le rogó a su papá que le consiguiera trabajo en la empresa Pratt como modelo, por ser hermana de la esposa del presidente de la empresa le ofrecieron un contrato, siempre buscaba la manera de coquetearle a Kyle, pero él ni la miraba, le producía repulsión. Las mujeres que se les ofrecen a Kyle, él las rechaza, no les prestaba atención porque para el son unas regaladas. Catrina supo llegar a su corazón, también se siente culpable por lo sucedido a sus padres, por ser huérfana le prometió protegerla. —¡Amor! Ayer me quedé esperando tu visita — susurró coquetamente Catrina sentada en sus piernas. —Se presentó un asunto familiar que tuve que atender —respondió distraído. —No me digas que tu esposa te puso de mal humor —le balbuceó en el oído mientras le pasa una mano por su hombría. —No creo que sea tu problema mis asuntos familiares. —Pero antes no decías lo mismo —dijo haciendo pucheros. Él la besó ferozmente, se separó de ella, por alguna extraña razón quería estar solo, suspiró varias veces para decirle. —¿Te puedes retirar? Tengo una junta y deseo preparar unos documentos. Catrina se sorprende por sus palabras, es la primera vez que la saca de su oficina, se levanta moviendo sus caderas y con voz coqueta recita. —Está bien, me retiro, no sé porque estas tenso, te noto extraño, si deseas después del trabajo pasar por mi apartamento y así te relajas. —Ok —ni la miro, su vista posaba sobre unos documentos que tenía en la mano. Catrina se retiró de la oficina y él lanzó los documentos en el escrito, estaba molesto consigo mismo.
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