(Punto de vista de él) Kimberly Esposito estaba jugando con fuego, y lo peor de todo es que yo me estaba quemando con ella ¿Por qué no se rendía a mí de una pvt^ vez? A esa mujer le encantaba buscar problemas conmigo. La cena seguía en curso. Los meseros se movían entre las mesas de los inversionistas, los brindis sonaban por el aire, las risas llenaban el ambiente, pero yo no veía ni escuchaba nada, solo la veía a ella y odiaba lo mucho que me j0dí^ lo que veía. J0did^ Kimberly. Ese vestido n***o de seda le abrazaba las curvas como si estuviera diseñado para hacerle perder la razón a cualquier hombre. Las piernas largas sensuales con la apertura de lado, la espalda descubierta, el cabello recogido en un moño perfecto, hasta una diva de Hollywood sentiría envidia. Diosa. Maldita se

