Ernesto. Tomo café viendo a todos lados, no despego mucho la mirada del local, mi cabeza corre riesgo si la esposa de mi jefe, en quien tiene una adoración tremenda le pasa algo, mi cabeza rueda como me dijo cuando me contrató, "tu trabajo Ernesto, es mi esposa, tu vas a cuidar de mi esposa, vas a cuidar de ella como sea, no me importan tus métodos, los usas, ¿tienes que ser un asesino?, lo eres, pero me cuidas a mi esposa", y me lo tomo muy enserio, esa mujer de metro y medio, delgada y amorosa me pone los pelos de punta, no mide el peligro, si alguien se le acerca a decir hola, ella saca charla enseguida, cuando salimos saco mi arma unas cincuenta veces por lo que hace de no medir el peligro, ya los conozco hace catorce años, desde el día uno es igual, a mis veintiún años, exiliado, eno

