Ernesto. —¿Lista?. —se gira asustada donde no me había visto. —Eh si, estoy lista. —Vamos entonces. —salimos de la cocina los dos, voy a mi vehículo personal—. Y dime, ¿Vives en la dirección del documento?. —¿Eh?. —Si te llevo a la dirección que tengo aca registrada. —miro mi teléfono viendo la dirección—. Aca sale Venezuela al doscientos. —Ah si, no... Me fui de la casa de mis papás hace unos meses. —Lo tendrías que haber avisado. —Estaba esperando a hacer el cambio del documento. —Dime la dirección nueva. —Espera que no me acuerdo. —la miro asombrado, busca en un cuadernito que saca de la mochila—. Aca lo anoté... —me mira sonriendo, como si fuera un logro haber encontrado su dirección—. Rio Paraná, mil doscientos tres. —Ya sé dónde es. —¿Te sabes todas las direcciones de la

