Era la primera vez que Artemisa veía uno así de firme y grueso. Se preguntaba cómo se sentiría tenerlo dentro de ella. Lo agarró con sus manos, pero ni siquiera las dos, podían cubrirla en su totalidad. Levantó la vista, dejándolos fija en la verdosa mirada de Eros. Entonces, abrió su boca, lo más que pudo, rodeó las piernas de él con sus brazos y se llevó el empinado atributo de Eros dentro de ella, haciendo que, poco a poco entrara por completo. Pero eso hizo que se atragantara, que se le dificultara la respiración y que sus ojos lagrimearan. Era difícil mantener tal cualidad adentro de su boca y por eso era aún más delicioso. La piel se le erizó y estuvo pocos segundos así y luego se la sacó con rapidez. Tomó aire de forma apurada para recuperar el aliento. Se relamió los labios, limpiá

