37. La caricia de Eros (4)

2266 Palabras

Eros percibió el ardor de la piel en las mejillas de Hera. La respiración caliente de ella, chocaba en su palma con ardor. Sus ojos la veían con complicidad; como un cazador que había capturado a su presa. Los parpados de Hera se ensancharon y la negra pupila estaba dilatada de gran manera. Se subió con cuidado en la cama y se ubicó al costado de ella. Extendió su brazo hasta la entrepierna de la mujer madura, que era la gran señora de la casa, y agarró el dildo. Le quitó la mano izquierda de la boca y puso el dedo índice sobre la de él, para indicarle que hiciera silencio y no dijera nada. Movió con ligereza el consolador hacia dentro y luego hacia afuera, y repitió el movimiento durante los siguientes minutos. Hera había quedado sin habla. No pudo decirle y las palabras no salían de su

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