55. La propuesta de Eros

1831 Palabras

Tardaron varios minutos en llegar a las vegas y Atenea aterrizó en el helipuerto de un inmenso edificio, donde ya los estaban esperando. El ruido fue cesando con cada segundo. —Bienvenida, señorita Atenea —dijo de los trabajadores—. Es un placer tenerla en nuestro hotel. —Me iré en la tarde. No pasaré la noche aquí. —Miró por encima del hombro a Eros—. Trae mis cosas. —Entendido, joven señora —respondió el empleado. Eros caminaba detrás de Atenea con ambas equipamientos en sus hombros. Los dos estuvieron solos en el ascensor y bajaron hasta el estacionamiento, en el cual le abrió la puerta a la hostil muchacha en el lado del copiloto y luego él se sentó en el del piloto. Ahora viajaban en auto hasta el punto acordado; el ring de pelea de la UFC. Los dos vigilantes del sitio, verifica

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