54. El vuelo

1403 Palabras

Varios segundos después, Atenea y Eros se pusieron de pie. La castaña volvió a colocarse la pantaleta. Se dieron un ultimo beso. Algo había cambiado entre ellos, no se dijeron más nada, pero la atracción que el uno sentía por el otro había aumentado. Se secaron y se colocaron de nuevo su atuendo de gala.  —Esto que ha pasado no cambia nada entre nosotros —dijo Atenea, tapándose el rostro con la máscara satinada—. No me hables y no busques. Yo lo haré. Eros se puso de igual manera su máscara plateada. Su rostro se había vuelto demasiado serio por ese ultimo comentario de Atenea; ella estaba empeñada en colocar un muro entre ellos, a pesar de ya haber dado un paso en su intimidad. —Usted manda, Atenea —respondió Eros con semblante endurecido. Si eso era lo que quería, seguiría el juego d

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