El largo y ondulado cabello marrón de Atenea fue acariciado por el viento y enseguida se puso en guardia: su pie derecho lo echó hacia atrás, a cierta distancia del izquierdo y llevó sus manos empuñadas al frente de su rostro. Los músculos se le formaron en los brazos como la deportista que era. Atenea era la única entre todas las mujeres de la fiesta que se le marcaba el abdomen, pero no con exageración, sino lo perfecto para aumentar su extraordinario cuerpo de atleta. Rostro angelical como el de una niña, pero de semblante rudo y enojado, y además con un increíble cuerpo tonificado en cada parte de ella: trasero, pechos, piernas, brazos y abdomen. No era la diosa de le guerra y la sabiduría de la mitología, pero sin duda ella sería la encarnación perfecta de la hija del cronida Zeus,

