Al instante en que Eros entró, Emily partió de inmediato al cuarto de Artemisa. Tocó varias veces la puerta hasta que Artemisa le dio permiso de entrar. —Señorita Artemisa —dijo Emily, Exaltada y con un rubor en sus mejillas—. El último que ha llegado es… Es un auténtico dios caído del cielo. Es precioso, es amable, tiene voz ronca, es alto, fuerte, musculoso, es de pocas palabras y sus ojos son verdes, a veces se vuelven dorados. Es el hombre más atractivo que haya visto jamás. Más que cualquier modelo o actor famoso, de hecho, no entiendo cómo es que él no esté en portadas de revista. Por poco y me desvanezco cuando lo vi. Artemisa la observó, enarcando sus cejas. Quizás Emily estaba exagerando, pero la duda la llenó enseguida. ¿Aquel hombre qué describía era tan guapo cómo le contaba?

