Los ojos verdes de Eros miraban con deseo a los de Artemisa. Ese pensamiento había sido lo suficiente para estimularlo. Llevó su mano a la mejilla de la joven Walton, que entreabrió sus gruesos labios para esperar lo de él. Sus respiraciones se resoban, pero antes que su bocas se unieran, el celular de los comenzó a sonar. —Ignora eso —comentó Artemisa, pero el timbre de los móviles se hacía molesto. Eros se levantó de la cama con su rostro serio y agarró el móvil: Afrodita, era el nombre que lo llamaba. —Debo responder —dijo, mirando a Artemisa y salió de la habitación. —¿Ya estás por venir? —dijo la preciosa Afrodita al otro lado de la línea—. Te estoy esperando en tu departamento. Tengo algo para ti. Te gustará —comentó con un tono seguro y seductor. Eros se despegó el celular de

