26. Mi sumisa no, mi dama

1026 Palabras

Eros detuvo el movimiento y Artemisa arrugó el entrecejo. —Espera. —Eros cogió una almohada, sin salirse de ella y la puso debajo de la espalda de Artemisa—. Lo siguiente te gustará más. Eros se hincó sobre la cama, cogió las piernas de Artemisa y las llevó cerca de la cara de ella, quedando las extremidades de la muchacha apoyándose en los hombros de Eros y sus pies mirando hacia el techo, similar a la figura de un ángulo recto. Eros rodeó con su brazo izquierdo la parte trasera de la cabeza de Artemisa y la alzó para besarla. Artemisa se agarró en los dos muslos de Eros al momento en que empezó a darle empujes cortos y poco profundos. Artemisa apretó la carne de Eros, cuando este la embistió con una zambullida profunda y completa, cada vez sentía que iba más adentro. La nueva posici

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