Eros le acaricio el sedoso cabello rojo. Luego se acostó boca a arriba. Afrodita y Deméter le extendieron los brazos hacia ella, invitándola continuar. Circe se puso a horcajadas sobre Eros. Agarró la impetuosa virtud de él y se fue acomodando con cuidado, hasta que se sintió como la el erguido atributo se fue haciendo paso adentro de ella. Le puso sus manos en el abdomen y comenzó a subir y bajar sus caderas. Gemía con agitación y sus senos brincaban con ligereza. Afrodita buscó el lado de Deméter y la abrió de piernas con suavidad. Se saboreó los labios al ver la empapada intimidad de la castaña. Cogió el cordón del consolador y se lo fue sacando con ligereza, provocando que Deméter se aferrara en las sábanas de la cama. Luego se lo metió en la boca y lo limpió con su lengua, como si

