42. Los seguidores de Atenea

1814 Palabras

El pastor alemán salió disparado a toda velocidad por el jardín y dio un gran salto para atrapar al platillo volador con la boca. Regresó caminando de manera lenta y lo dejó caer en los pies de hermosa castaña. —Vaya, eso debería sorprenderme. Está bien entrenado. —Atenea empezó a correr—. Ven Himeros. El perro primero fue donde Eros y le acarició la cabeza. Atenea se puso unos lentes oscuros y se cubrió la cabeza con el gorro de su buzo; lo hacía para que no la asaltaran los paparazzis y para que no la reconocieran. Los tres salieron de la mansión y corrían en la carretera por el paso de los peatones. Llegaron a un parque de ejercicios, en el que había aparatos de gimnasio público, que cualquiera podía usa. Comenzaron a entrenar, junto a las demás que se hacían presencia. Utilizaron u

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