En lugar de llevarme directo a El Framboyán, Alberto puso rumbo hacia los ranchos de los Primos. Ellos vivían en un conjunto chozas, casi colindantes, en un terreno de unos cinco mil metros cuadrados. ¿Cómo se las arreglaban para dividirse la tierra entre más de un centenar de parientes es un misterio que nunca entendí? Supongo que cuando prima el amor en las relaciones familiares, cualquier espacio es suficiente. A pesar de que me incomodaba el cambio de planes, procuré mantenerme tranquila. Mi chofer guardaespaldas jamás se había propasado conmigo o con cualquier otra chica que conociese. Era un caballero con letras mayúsculas y brillante armadura. Me sentí turbada de igual modo. Luego de la trifulca ocurrida en el patio de la escuela, todos en ese sitio debían odiarme. De un tirón,

