Pasaron esos días, en los que el médico le exigió contarle a su familia. Para ella eso sería como «la hora de la verdad» donde tendría que contarle a su familia la noticia de su enfermedad porque cuando empezará el tratamiento, no podría ocultarlo y mucho menos cuando le hagan la incisión quirúrgica de pulmón. Salió por la mañana a caminar un poco, para pensar la mejor manera de contarles sobre su enfermedad. Mientras pensaba, una anciana se sentó a su lado y le hizo una pregunta. — ¿Tienes problemas… Muchacha?. — ella inmediatamente levanta la cabeza y observa a la señora en cuestión, tiene unos hermosos azules y se ve muy cansada. — ¡No solo son problemas!. Sino que también es una enfermedad que puede quitarme la vida en un dos por tres. Responde Alanna con los ojos aguados, pues lle

