A paso firme entra en la enorme compañía de sus padres, los empleados lo reconocen de inmediato y lo saludan con cordialidad; los guardias de seguridad le permiten el paso sin ningún tipo de problema y sólo cuando está en el último piso dónde su padre se encuentra se permite suspirar aliviado. Misael espera paciente en los blancos y mullidos sillones de la salita de espera, la secretaria ha informado a su padre que está aquí pero conoce demasiado bien a su progenitor; hasta que no acabe con sus asuntos no lo recibirá. Su madre es quién aparece rodeada de varios colegas, al parecer tienen un día atareado y él lo escogió para venir a verlos. La mujer de enormes ojos azules y sonrisa cálida observa a su hijo unos segundos y le regala una sonrisa para luego marcharse; la puerta del despacho

