Terminó el horrible día, sonó la campana de salida y salí del salón, caminé por el balcón, siendo las seis y media de la tarde, mientras caminaba lentamente bajando las escaleras, podia ver cómo el sol se escondía entre las nubes, era una vista hermosa mientras bajaba del segundo piso.
Llegó el día siguiente, un día más para sobrevivir a las mil y un cosas que podían pasar el día de hoy.
El día se veía tranquilo, me tomé mi tiempo para ordenar mi habitación, me duché y arreglé mis cuadernos y libros según mi horario del día, me senté frente a mi escritorio, debía tomar una decisión frente a lo sucedió el día anterior, no podía seguir permitiendo que personas q no sumaban en mi vida, continuaran maltratandome haciéndome sentir inferior, cómo si no valiera nada.
Llegué al colegio, me sentía mejor anímicamente, subí las escaleras, pasé por el balcón del segundo piso y entré a mi salón de clase. Definitivamente hoy, no podían faltar las dichosas *niñitas de mami que no mataban ni una mosca*, pero a diferencia de otros días, no me intimidé tratando de mirar al piso, di un paso frente a ellas, les día una mirada y una sonrisa fría, giré sobre mis talones y caminé hacia mi escritorio, a mis espaldas escuché cómo susurraban sus insultos, pero omití cada palabra ofensiva que me decían.
Pasó las primeras horas de clase, sonó la campana cómo de costumbre para la hora de break, y nada interesante había sucedido hasta ahora, salí a comprar algunas golosinas y una botella de agua, pagué y agradecí a quien me atendió, y al dar la vuelta para retirarme, no podía creer que èl estaba ahí, frente a mi, sonreí y saludé con un poco de nerviosismo, su nombre, era Axel; oí su voz calmada diciéndome: espérame, compraré algo y podemos ir juntos caminando mientras conversamos al regresar a nuestras aulas, quedé en shock por unos segundos, no podía creer lo que escuchaba, sentía que mi respiración se aceleraba, reaccioné rápidamente y asentí con la cabeza, al momento siguiente estábamos conversando amenamente, èl me contaba el motivo por el cual lo cambiaron de colegio a casi mitad de año, y sobre algunos de sus problemas personales, y que se sentía solo de algún modo, mientras escuchaba, me preguntó, por qué permitía que mis compañeras me hicieran bulling, le respondí que se volvió un hábito no defenderme, nunca respondí y pensé que ello terminaría en algún momento, pero terminó empeorando, me miró y me dijo: eres alguien especial, nunca le e contado a nadie mis problemas, pero me siento libre al hablar contigo, al llegar al segundo piso nos despedimos e ingresamos a nuestras aulas.
Podía decir, que hoy se sintió diferente, yo me sentía diferente, no sabía que tanto estaba dispuesta a cambiar a mi antigua yo; pero estaba segura que ya no era la misma persona de siempre…